¿Un nuevo capÃtulo?
Los libros siempre estarán ahà –es decir aquÃ, en quienes los escribimos y los leemos–, soportados por el papel o por las nuevas pantallas.Comenta la Nota
He aquà el atuendo que luzco al momento de escribir esto: suéter de cuello en v, camisa de vestir, corbata, cinturón, pantalón, calcetines, zapatos de agujetas. Cierto: mis gustos vestimentarios tienden a lo clásico. Pero también es cierto que mi atuendo de hoy es replicable a partir del catálogo actual de cualquier tienda departamental, que nada de lo que visto es imposible de encontrar en el mercado. Concedo que la corbata es particularmente estrecha y que el pantalón carece de pinzas, lo que entraña cierta reminiscencia de los años 60; también es verdad que es la moda reciente la que ha llevado los estilos contemporáneos por esos derroteros. También admito que mis zapatos no son del todo clásicos, pues la piel teñida de miel en que han sido fabricados ostenta una pátina excesiva, no sólo artificiosa sino de plano artificial: otro capricho de las bogas. Pero lo cierto es que, salvo por esos detalles menores, mi vestimenta carece de temporalidad, podrÃa convenir a cualquier hombre de gustos conservadores y relativa prosperidad que hubiese vivido en algún momento entre 1925 y hoy.
¿Por qué comienzo un texto sobre el futuro de la lectura hablando sobre el presente de mi guardarropa? Porque ambos temas parecen llamados a derrotar predicciones análogas. Eran los 60 cuando, en la televisión, Star Trek imaginaba que en el futuro todos vestirÃamos pijamas espaciales; como queda claro, tal pronóstico erraba: hoy vestimos más o menos igual que siempre y la conquista del espacio en casi nada ha incidido sobre nuestra apariencia.
 Y más o menos lo mismo sucede cuando hoy nos ponemos a especular sobre el futuro de nuestros hábitos de lectura: pese a las tentaciones catastrofistas que conducen a algunos a soñar la pesadilla de un porvenir sin lectores y acaso sin libros (cuando menos sin libros de papel) el sentido común parecerÃa indicar que nuestros hijos y nietos y biznietos leerán novelas y cuentos y ensayos y biografÃas y recetarios de cocina y –¡ay!– manuales de autoayuda, y que cuando menos algunos de esos estarán editados en papel.
En una obra reciente, preclaramente titulada Nadie acabará con los libros y consistente en un largo, efervescente y muy bibliófilo diálogo con Umberto Eco, Jean-Claude Carrière afirma no sin razón que “la caracterÃstica de los profetas, de los verdaderos y de los falsos, es que se equivocan siempre”, antes de echar por tierra, al alimón con su compinche, la idea apocalÃptica de que el libro está destinado a desaparecer.
 Como bien apunta Román Gubern en su Metamorfosis de la lectura, “[e]l libro códice (codex), tal como lo conocemos, nació en el Imperio Romano, a finales del siglo I, aunque coexistió durante cuatro siglos con los tradicionales rollos de origen egipcio”, y se antoja difÃcil que Kindles y iPads vayan a desterrarlo en un plazo mucho más rápido que ése.
El libro tradicional de papel ofrece –otra vez a decir de Gubern– ventajas enormes sobre el electrónico, entre las que se cuentan su carácter de fetiche (para los coleccionistas pero también para los amigos o los enamorados, que lo entregan con dedicatoria), su facilidad para hojearlo, su resistencia a los golpes y una más que toma prestada de Eco: su carácter seguro para leerlo en la tina.
Imagino para el mundo y para México —sobre todo para México, dada nuestra tardanza en salvar la brecha digital— un futuro en que unos libros (los más populares) sean consumidos en formato electrónico y otros (los de arte pero también los de literatura pura y dura o los ensayos filosóficos) sean disfrutados en papel. Concedo que podrÃa equivocarme –al fin y al cabo hago también aquà las veces de profeta– pero tampoco me preocupa.
Y es que, asà como el video no sólo no ha acabado con el cine sino que ofrece a sus productos otras posibilidades de difusión, los libros siempre estarán ahà –es decir aquÃ, en quienes los escribimos y los leemos–, soportados por el papel o por esa pantalla que no los enmascara sino que los revela.
Escritor y periodista

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