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¿Medios públicos o privados?

Si México cuenta con las condiciones legales, políticas y económicas para que los dos campos sean fuertes la sociedad tendrá una mejor oferta.
Viernes 05 de noviembre de 2010 Mario Campos | El Universal
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La información es un bien tan valioso para una sociedad, que no puede quedar sólo a la voluntad del mercado. Hacerlo así es renunciar a que las minorías —musicales, culturales, étnicas, religiosas, etcétera— queden sin voz. Es una práctica peligrosa, tanto como dejar en manos de un Estado toda la selección de las noticias o el entretenimiento que la población debe recibir. Es en medio de estos dos extremos que se encuentra la repuesta a la pregunta de cuál debe ser el equilibrio entre los medios públicos y los privados.
¿Para qué debe existir un medio del Estado? El caso del Instituto Mexicano de la Radio es un buen ejemplo. Algunas de sus estaciones en el Distrito Federal están dedicadas a la  música clásica o el jazz, expresiones musicales que difícilmente se encuentran en la radio comercial: estos géneros no producen tan altos niveles de audiencia, y por tanto de comercialización.

El motor de los medios comerciales es el lucro, y si bien otros de sus contenidos se pueden explicar por variables como la capacidad de influir en cierto público o el prestigio que pueden obtener de un contenido en particular, es en la obtención de ingresos que encuentran, con legitimidad, su razón de ser.

En contraste,  si bien los medios públicos también deben aspirar a llegar al mayor número de personas posible —pues implica hacer el mejor uso de los recursos públicos que los mantienen, no es la búsqueda de la máxima  audiencia el único criterio que determina qué va y qué no en su oferta. En su lugar aplican otras aspiraciones: construir espacios para todos los sectores de la sociedad, contribuir a una cultura de los derechos humanos, dar cabida a la pluralidad de país en todas sus vertientes, ofrecer los espacios para que la sociedad se reconozca a sí misma en sus contenidos, provocar la reflexión sobre el país y el mundo, entre otros.
Todo bajo la lógica de ser medios de Estado —al servicio de toda la sociedad— y no medios gubernamentales, entendidos como extensiones de las áreas de comunicación de un régimen en particular, lo que naturalmente desvirtuaría lo aquí planteado.

Por su parte, los medios privados responden fundamentalmente a una lógica de mercado. A partir de identificar oportunidades, nichos de audiencia y espacios de negocio, se construyen las ofertas que atraen a los públicos que permiten colocar los espacios ante los anunciantes.

Es el mismo modelo, ya sea un canal de televisión, o un periódico que se regala de forma gratuita. Y es esa búsqueda la que hace que el menú aumente y se enriquezca. Programas para aficionados a los automóviles, a las mascotas, a los viajes o a los espectáculos, sólo se explican porque la magia de la oferta y la demanda funciona.

El mercado —satanizado por algunos— tiene sus enormes ventajas: estimula la competencia, tiende a generar jugadores más fuertes y termina por producir actores profesionales de gran calidad al desarrollar los mercados para ello: publicitarios, de contenido, tecnológicos y laborales. De tal suerte que se termina por diversificar la oferta con lo que todos los involucrados, productores y consumidores, ganan.

Si bien existe una competencia real entre medios públicos y privados —en principio por la audiencia y en algunos casos menores por cierta comercialización— ante la sociedad, está claro que los dos tienen razón de ser, justamente porque responden a lógicas distintas que arrojan beneficios de naturaleza diferente.
Los medios públicos siempre deben existir como un espacio neutral, que se debe en exclusiva a los ciudadanos, libre de la lógica del gobierno en turno y de los grupos de poder. Los medios privados, por su parte, son indispensables para mantener el dinamismo de una sociedad.
En la medida en que nuestro país cuente con las condiciones legales, políticas y económicas para que los dos campos sean fuertes, la sociedad tendrá una mejor oferta.


Conductor del IMER, de ForoTV y bloguero en el periódico EL UNIVERSAL



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