Millones de filipinos celebraron hoy por todo lo alto el triunfo de su héroe nacional, el boxeador Manny Pacquiao, ante el ghanés Joshua Clottey, con la que retuvo el título mundial de los pesos Welter.
El país quedó totalmente paralizado desde las ocho de la mañana hora local, cuando millones de aficionados de todo el país se congregaron frente a las pantallas gigantes instaladas en las mayores ciudades o se mantuvieron pegados a sus transistores.
Sólo faltaron los miles de filipinos que se gastaron los ahorros de toda una vida para viajar a Texas y seguir en directo el combate de su ídolo.
Los doce asaltos del combate se difundieron en todo el país, sin que esta vez afectaran los apagones que han sufrido varias regiones del país en los últimos días a causa de la sequía.
"Si la gente no ve a Manny Pacquiao es un gran problema, una catástrofe nacional" , afirmó el secretario de Estado de la Energía, Angelo Reyes a la prensa local.
Como en otras ocasiones, el combate de Pacquiao también logró frenar el crimen y el conflicto armado en Manila, una de las urbes con mayor índice de delincuencia en Asia, y en otras ciudades filipinas.
Después de su victoria de hoy, el boxeador filipino se enfrenta al reto de las elecciones del próximo 10 de mayo, en las que pugnará esta vez por representar en el Congreso en su región de origen, en la sureña isla de Mindanao.
Pacquiao es un auténtico fenómeno de masas en un país donde no abundan los grandes deportistas, y portada habitual de la prensa del corazón por sus sonados idilios con actrices y modelos.
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