Hace tres años incursionó en el montañismo y ya se dispone a escalar la montaña más alta del mundo: el Everest. El 2 de abril iniciará el ascenso con la mexiquense Eva Martínez Sandoval y los capitalinos Salvador Delgadillo Macías y Gustavo Flores Gutiérrez, integrantes todos del Club Alpino Mexicano.
Es un reto personal mediante el cual Ignacio Anaya Barriguete, de 42 años, intentará romper su propio récord y convertirse en el primer tijuanense en llegar a la cima de 8 mil 848 metros sobre el nivel del mar.
Enfrentarán temperaturas extremas de menos 40 grados centígrados, para lo que llevarán equipo especializado que alcanza los 50 kilogramos, cuya carga implica un esfuerzo especial.
El desafío físico y moral que le implica la Expedición Ruta del Bicentenario, que estima se prolongará dos meses, no es su única motivación, busca recaudar fondos económicos para ayudar a niños y niñas de escasos recursos que padecen cáncer.
"Busco alcanzar la cumbre del Everest como un logro deportivo y para alcanzar una presea para mi ciudad. Una actividad deportiva que me apasiona y una actividad personal que me satisface", aclara pero advierte que el altruismo es parte fundamental de sus motivaciones.
Por cada metro que escale, él mismo entregara un peso a la Fundación Castro Limón y la Asociación para Niños con Cáncer.
Aunque todavía no hay un plan diseñado, el deportista adelanta que durante el tiempo de la expedición se llevará a cabo una campaña para la recolección de fondos.
Abogado y contador, Anaya Barriguete combina su labor profesional con exhaustivos entrenamientos que lo lleven a cumplir su objetivo. Este domingo subirá el nevado de Colima y ahí permanecerá varios días para aclimatarse y sumarle a su entrenamiento.
Haber escalado 42 montañas en un lapso de dos años, sumado a las excelentes condiciones físicas y mentales avaladas por sus médicos y nutrióloga, son elementos para confiar en que logrará llevar a la meta, dice el montañista.
Explica que además del reto personal de llegar a la cumbre del Everest y apoyar a los niños con cáncer, lo impulsa el interés de proyectar el nombre de Tijuana y Baja California a nivel mundial.
Adicionalmente, pretende poner el ejemplo a la juventud y la población en general de que la naturaleza cuenta con innumerables espacios para pasear y al mismo tiempo convivir en armonía, lo cual puede ser en solitario o en compañía.
Son inmensos los espacios naturales que a veces ofrecen menos obstáculos que la propia ciudad que tiene la mayoría de sus banquetas obstruidas, afirma y explica que su hijo, actualmente de siete años, ya conoce el mundo del montañismo.
En pláticas que ha ofrecido en escuelas les habla de la importancia que significa hacer más que dedicar su tiempo a los juegos electrónicos o la televisión, convivir y respetar la naturaleza, su flora y su fauna.
No obstante la falta de recursos suficientes preocupa a los expedicionarios. Deben decidir si llevarán los cuatro tanques de oxígeno que requiere cada quién para garantizar el suministro, pues cada uno cuesta 700 dólares (unos 8 mil 750) pesos, lo que no sólo implica costo, sino carga que se sumaría a los 50 kilogramos de equipaje personal.
Saldrá de Tijuana el 29 de marzo rumbo a Los Ángeles, California, para abordar un vuelo a Katmandú, Nepal donde se reunirá con sus compañeros de expedición.
El 2 de abril saldrán en avioneta hasta Lucla y de ahí iniciarán una travesía de 10 o 12 días de camino en zonas agrestes para llegar al campamento base que se encuentra a 5 mil 380 metros.
Este primer campamento ya representa un reto porque se encuentra en un nivel donde ya no existe vida y el oxígeno escasea, sin embargo todavía escalarán otros tres tramos antes de iniciar el ascenso final.
Instalarán un segundo campamento a los 6 mil 65 metros, a mediados de abril y luego de dos o tres semanas partirán a una tercera base, ésta a 6 mil 500 metros, donde permanecerán otro tiempo antes de seguir el ascenso al penúltimo punto de instalación, a 7 mil 470 metros.
La última parada antes de intentar llegar a la cumbre se encuentra a 7 mil 920 metros sobre el nivel del mar, apenas 928 metros abajo, donde pretenden acampar por dos o tres días, en espera de las mejores condiciones climáticas para llegar a la cima más alta del mundo.
Esperan que el ascenso final inicie a la medianoche, pues es una caminata que se estima en 12 horas, contra tres minutos que pretenden permanecer en la cima del Everest.
Llegar a la cumbre del mundo será una decisión que tomarán arriba, depende de las condiciones climáticas y principalmente de la situación física que tenga cada uno de los expedicionarios.
El regreso, afirma Ignacio Anaya, es muy peligroso, así que considera que tocarán la cumbre hasta llegar a su hogar porque no sólo enfrentan riesgos de caídas, sino de enfermedades.
La ruta implica serios peligros no sólo por la posibilidad constante de caer en precipicios y aberturas repentinas en hielo, sino la carencia de oxígeno que a los 5 mil metros apenas cubre el 30 por ciento de lo que requiere una persona para vivir.
El ambiente obliga a entrar en armonía con el entorno, con los compañeros y consigo mismos, "en la montaña no hay sangronsitos" porque aprendemos a compartir, a apoyar y a sobrevivir, explica Anaya Barriguete.
Cualquier montaña, al margen de la altura que alcance, merece nuestro respeto, no hay montañas pequeñas, en cualquier punto puede ocurrir un imprevisto, dice y explica cómo cayó en un precipicio y en otra ocasión se congeló varios dedos por dejarlos en contacto directo con el hielo.
En el montañismo, a diferencia del resto de los deportes, no se puede abandonar el juego. En muchas ocasiones no hay posibilidades siquiera de rescate, así lo muestra el hallazgo de cuerpos de personas que no pudieron llegar a la cima o a espacio seguro.
Las experiencias extraordinarias no están exentas en las expediciones.
Ignacio Anaya refiere cómo en una ocasión lo acompañó una familia entera de cabras en las montañas de Colorado.
mtr / dro