Con “luces de bengala”, “cebollitas” y “palomitas”, a unas horas de que termine el 2009, cientos de personas se surten con artículos pirotécnicos para que el festejo de Fin de Año sea completo.
Como si fuera tortillería, personas de todas las edades hacen filas para adquirir los llamados “cuetes”.
En el polvorín “Artificios Pirotécnicos La Misión” hay mucho ajetreo, decenas de vehículos entran y salen, el ambiente es de fiesta. Son las “compras de pánico” de la pirotecnia.
El sitio se ubica a 4 kilómetros de Ciudad Victoria, por la carretera Interejidal, entre huertas de naranjas y con la Sierra Madre de fondo.
La propietaria, María Irene Álvarez Suárez, comenta orgullosa que desde 2001, cuando obtuvo el permiso general número 80 de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), su récord es de cero incidentes.
"Jamás hemos tenido ningún problema, ni un accidente ni una queja, y para lograrlo basta que vea, tenemos pararrayos, extintores, tambos con agua y arena, personal de vigilancia permanente y revisiones constantes de Protección Civil”, explicó Álvarez.
Y sí, a la vista se observan los cuatro módulos de madera con sus respectivos guardias, frente a cada uno hay filas de más de 60 personas, “yo quiero bengalas y jarritos de luces”, le dice un chavito a su mamá.
Los empleados no se dan abasto, van y vienen, entregan mercancía y notas.
Muy cerca están los letreros de prevención: “Peligro no fumar”, Teléfono de Emergencias 066”, y “Gracias por no fumar”, entre otros.
La señora Álvarez menciona que originalmente instaló su depósito y venta de artificios pirotécnicos en el ejido "Otilio Montaño", en los límites con el municipio de Güémez, a unos 45 kilómetros de Ciudad Victoria.
Pero después logró que le autorizaran el polvorín número 2, el cual está más cercano de sus clientes potenciales y en ambos tiene clientela.
Recuerda que aprendió el oficio de su padre, Catarino Álvarez, y hasta 2001 trabajaron de manera clandestina, hasta que realizó todos los trámites legales.
"Obtuve las firmas de autorización municipales y estatales. Posteriormente hice los trámites en la Ciudad de México. También estoy al corriente ante la Secretaría de Comunicaciones y Transportes", agrega.
Pese al evidente éxito de las ventas de fin de año, la comerciante admite que la crisis económica afectó a la pirotecnia.
“El número de personas se mantiene elevado, pero si antes compraba un cliente 500 pesos de productos, ahora gastan sólo la mitad. Se apretó el poder adquisitivo”, explica.
Pero la ilusión de los pequeños permanece, a poca distancia un niño pide emocionado unas “carrilleras” y otro compra “jarritos”.
-¿Cuáles son los que más compran?.
-Las Cebollitas son de las preferidas -cuestan 20 pesos con 100 piezas-, así como los jarritos –se venden a 36 pesos con 12- y las luces de bengala –caja de 12 piezas a 10 pesos.
Ah, y las famosas “palomitas” están en oferta, se venden a 70 pesos con 100 piezas.
Así transcurre la tarde, con prisas y buen ambiente en las “compras de pánico” para festejar el fin de año.
Luego de saludar a uno de sus clientes, la señora María Irene comparte una anécdota que siempre recuerda con felicidad: “En muchas ocasiones cuando alguno de los niños me encuentra en la ciudad, me sonríe y le comenta a sus padres, ¡Miren, la señora de los cuetes!”.
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