Sabina compone aislado de la repugnante felicidad doméstica Para dar vida a su nueva producción, Vinagre y rosas el cantautor español se fue a Praga en compañía de su amigo el poeta español Benjamín Prado. Ahí, juntos, ambos dieron rienda suelta a su creatividad
"Mi novia me quiere, yo la quiero a ella, todo va bien, no hay noches de juerga terribles... y viviendo así no salen canciones, no se me ocurría absolutamente nada", asegura el autor de Y sin embargo (Foto: Archivo )
Ana Anabitarte, corresponsal El Universal Madrid, España Jueves 22 de octubre de 2009
18:57
Hace unos meses, Joaquín Sabina (Úbeda, Jaén, 12 de febrero de 1949) le propuso a su amigo, el poeta español Benjamín Prado, que se fueran juntos a Praga a escribir canciones.
"Yo vivo en una especie de repugnante felicidad doméstica. Mi novia me quiere, yo la quiero a ella, todo va bien, no hay noches de juerga terribles... y viviendo así no salen canciones, no se me ocurría absolutamente nada", relata en entrevista con KIOSCO.
"Así que aproveché que mi amigo estaba pasando por una depresión porque se acababa de separar de un gran amor y le dije que nos fuéramos", añade.
Pese a que la decisión ya estaba tomada y los boletos pagados, cinco minutos antes de ir al aeropuerto los dos estuvieron a punto de llamarse para cancelar.
"Él no quería ver a nadie ni salir de su casa y a mí no se me ocurría nada qué escribir, así que ninguno de los dos lo veíamos claro", recuerda.
Sin embargo, afortunadamente se subieron al avión. Pasaron una semana en la capital de la antigua Checoslovaquia y sentados en un bar de un hotel "como esos que aparecen en los cuadros de Hopper donde no hay nadie", por la noche, cada uno con su whisky y su block de notas, escribieron canciones, siete de las cuales forman parte de su nuevo disco: Vinagre y rosas, que sale a la venta en todo el mundo el próximo 17 de noviembre.
"Elegí Praga porque es una ciudad en la que no había estado y que tiene todo lo que me gusta de las ciudades: un casco antiguo precioso, decadencia, intimidad y un idioma que no hablamos. Allí nadie me conocía así que podíamos ir a cualquier sitio caminando, lo que nos permitió estar solos y trabajar", narra.
"Fue una experiencia muy bonita porque yo nunca he creído en los grupos sino en la creación individual. Pero aquello no era un grupo, éramos dos individuos que nos entendíamos de maravilla", explica.
Durante esas noches compusieron varias canciones entre ellas "una de amor a Praga; otra de amor a nuestro amigo Ángel González, ya fallecido; y todas las demás contra la novia de Benjamín por haberlo dejado", recuerda. ¿Le habrán dado las gracias a la ex novia por el disco? "Sí, pero sin insistir mucho por si nos pide derechos de autor", responde entre risas.
Lee mañana en la edición impresa de EL UNIVERSAL la entrevista completa con Sabina
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