Los gobernantes de la Unión Europea (UE) y de Brasil celebran el próximo martes su cumbre bilateral periódica en la capital sueca, Estocolmo, con el cambio climático y la crisis financiera en el centro de la agenda.
Será la tercera reunión desde que ambas partes firmaron su asociación estratégica en 2007 y el contexto en el que se desarrolla es especialmente importante, dada la proximidad de la conferencia de Copenhague sobre el clima, en diciembre, y la reciente decisión del G-20 de dar más voz a los países pobres en las instituciones internacionales.
"Brasil es uno de los países que ha enfatizado los aspectos económicos y consecuencias de la crisis económica sobre los países menos desarrollados", resaltó el gobierno sueco, que ejerce la presidencia de turno de la UE, al justificar la importancia de acercar posiciones con el país.
El mayor país sudamericano también ejerce el liderazgo entre los emergentes y subdesarrollados en las negociaciones de la Ronda de Doha para la liberalización mundial del comercio y en las pláticas sobre el combate al cambio climático.
Brasil es uno de los principales defensores de la idea de que los países ricos financien medidas de adaptación y de contención de emisiones en las naciones más pobres del mundo.
Por eso la UE considera de gran importancia conquistarlo como aliado de cara a la conferencia de Copenhague y esa cumbre será una oportunidad para que el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, se lo diga personalmente al presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva.
La delegación europea también contará con las comisarías de Relaciones Exteriores, Benita Ferrero-Waldner, y de Comercio, Catherine Ashton, además del ministro sueco de Exteriores, Carl Bildt, representando la presidencia de la UE.
Por su parte, Brasil lleva a la reunión a su canciller Celso Amorim, representante del país en la Ronda de Doha, y su ministro de Industria y Comercio Exterior, Miguel Jorge.
Ambas partes aprovecharán el encuentro para impulsar los intercambios comerciales, un pilar importante de su asociación estratégica.
La UE responde por un 22.5 por ciento del comercio exterior de Brasil, lo que le convierte en el mayor socio comercial del país sudamericano.
Por su parte, Brasil es el mayor exportador de productos agrícolas para el bloque europeo, dominando un 13 por ciento de ese mercado, aunque en el comercio general figure apenas como el décimo socio de la UE, responsable por un 2 por ciento de los intercambios.
Aún así, la balanza comercial pende para el lado sudamericano: si el valor de las exportaciones de bienes de la UE para Brasil aumentó un 56 por ciento entre 2000 y 2008, el de las importaciones prácticamente se duplicó, según datos difundidos por la oficina estadística comunitaria, Eurostat.
Como resultado, el déficit de los europeos en el comercio de bienes con los brasileños subió de mil 800 millones de euros en 2000 hasta nueve mil 500 millones de euros en 2008.
Sin embargo, el déficit registrado en el primer semestre de 2009 se redujo a tres mil 300 millones de euros, frente a cinco mil 500 millones de euros observados en el mismo periodo del año precedente.
mzr