El fenómeno que llamamos tsunami (literalmente en japonés olas de la bahía) es una serie de ondas oceánicas extremadamente largas, generadas por pertubaciones asociadas principalmente con sismos que ocurren bajo o cerca del piso oceánico, en aguas no profundas.
También pueden generarse por erupciones volcánicas y derrumbes submarinos. En el mar profundo, las ondas de tsunami se propagan a través de él con una velocidad que excede 800 kilómetros (km) por hora y con una altura de unas pocas decenas de centímetros o menos.
Las ondas de tsunami se diferencian de las olas oceánicas comunes por su gran extensión existente entre las crestas de las ondas, la que a menudo es superior a 100 km o más en el océano profundo, y por el tiempo que transcurre entre dichas crestas, el que varía desde 10 minutos hasta una hora.
Cuando llegan a las aguas poco profundas de la costa, las ondas se frenan y el agua se puede apilar en una muralla de destrucción de decenas de metros o más de altura.
El efecto puede ser amplificado en aquellos lugares donde una bahía, puerto o laguna focalice la onda en la medida que se desplaza tierra adentro. Se sabe que los grandes tsunamis se han elevado sobre los 30 metros. Pero aún un tsunami de 3-6 metros de altura puede ser muy destructivo y causar muchas víctimas.
Los tsunamis son un riesgo para la vida y las propiedades de todos los residentes costeros que viven cerca del océano.
Durante la década de los 90, más de cuatro mil personas perecieron a causa de 10 tsunamis, incluyendo más de mil víctimas perdidas durante el tsunami en 1992 de la región Flores, Indonesia y 2 mil 200 en 1998 durante el tsunami de Aitape, Papúa-Nueva Guinea. Los daños a la propiedad fueron cercanos a mil millones de dólares.
El 26 de diciembre de 2004 se generó uno en a lo largo de las costas de la mayoría de los países que bordean el Oceano Indico que dejó cerca de 230 mil personas muertas, principalmente en Indonesia, Sri Lanka, India, y Tailandia.
Aunque alrededor del 80% de los tsunamis ocurren en el Pacífico, también pueden amenazar las líneas de costa de los países en otras regiones, incluyendo el Océano Índico, el Mar Mediterráneo, la región del Caribe y aún el Océano Atlántico.
Con información de la Administración Nacional del Océano y la Atmósfera (NOAA) de Estados Unidos