Pekín acogerá el 1 de octubre el desfile militar con el que se celebrarán los 60 años del régimen comunista chino, un acontecimiento que en la ciudad se vive con un frenesí de trabajo, medidas gubernamentales y dispositivos de seguridad tan apabullantes como los de las Olimpiadas de hace un año.
Algunas iniciativas rayan en lo obsesivo, como la de montar una estación meteorológica en Tiananmen para medir cada día la temperatura y humedad de la plaza -no basta con la información del centro que mide la de todo Pekín- o campañas para eliminar mosquitos, cucarachas, ratas y moscas del lugar.
Muchas de las medidas de seguridad y los preparativos se concentran, en efecto, en ese lugar del centro de Pekín donde Mao Zedong fundó la República Popular en 1949, y donde los líderes chinos verán en dos semanas el primer desfile militar en 10 años, el decimotercero en la historia del régimen.
En el desfile participará un número aún no desvelado de soldados y se mostrarán las últimas innovaciones del Ejército de Liberación Popular en artillería y aviación, algo que la prensa estadounidense ya ha declarado como "un toque de advertencia a Washington".
Todo tiene que salir perfecto hasta el mínimo detalle, así que este mes se están celebrando desfiles casi secretos en la misma avenida por la que se desplegará el desfile, la de la Larga Paz (Chang An), que además ha vivido seis meses de obras para que aceras, asfalto y hasta las farolas resplandezcan.
Los desfiles de prueba se están celebrando los fines de semana de madrugada, y en ellos todas las calles aledañas son cortadas por la policía para que nadie o casi nadie pueda ver un adelanto de lo que se podrá ver el 1 de octubre.
No todo se desarrolla con nocturnidad, también se han designado tres pueblos de las afueras para acoger las pruebas (los nombres se guardan en secreto), e incluso se rumorea que en el interior del Estadio de los Trabajadores, cerrado y alambrado desde hace una semana, se llevan a cabo ensayos.
Todo ello va acompañado del mencionado dispositivo de seguridad, que comenzó ya en agosto e incluye registros de todos los bolsos de los visitantes de Tiananmen, o puestos de control en las carreteras de acceso a la ciudad desde todas las provincias aledañas, lo que la policía pequinesa denomina "Operación Foso".
Más de 6.000 policías trabajan en el dispositivo, pero la cifra más espectacular es la de los 800.000 voluntarios que en las comunidades de vecinos, vestidos con un brazalete rojo, deben informar a las autoridades de cualquier movimiento sospechoso en su bloque, de manera similar a como hicieron en los JJOO.
Las medidas de seguridad han ido acompañadas del ya tradicional aumento de la censura en Internet que suele aparecer en épocas de cónclaves comunistas o aniversarios sensibles.
En esta ocasión ha llegado a niveles nunca antes vistos, con acceso casi imposible -ni siquiera con los trucos que suelen usar los internautas chinos- a webs tan populares como Facebook, Twitter o YouTube.
Todo parece radicar en el temor que abrigan las autoridades a cualquier conato de protesta en Pekín aprovechando el aniversario, y más después de que las revueltas tibetanas de Lhasa en 2008 o las uigures de Urumqi este año mostraran que la inestabilidad social en el país está creciendo.
El día de la fiesta nacional china, la seguridad incluso afectará a los establecimientos hosteleros de la avenida de Chang An, como el histórico Hotel Pekín (el primero que hubo en la ciudad), ya que en esa jornada estará prohibido alojarse en habitaciones cuya ventana o balcón dé a la calle donde desfilan los soldados.
Atención especial concede el Gobierno chino a las posibles emisiones de radio de grupos "anticomunistas" desde el extranjero, y por eso en las comunidades de vecinos se han colgado carteles pidiendo a la gente que tenga cuidado con lo que sintoniza en las ondas, además de hacerse registros de los aparatos de radio que la gente usa en las calles del centro de la ciudad.
Los protagonistas del desfile, además de los soldados, serán 200.000 jóvenes que participarán con cantos, bailes y actuaciones en una celebración que durará entre cinco y seis horas y en la que el presidente Hu Jintao, en las tribunas junto al retrato de Mao, dará un discurso elogiando los 60 años de comunismo.
Los 200 mil jóvenes están recibiendo un trato digno de estrellas de rock: se han dispuesto psicólogos y masajistas para vigilar su salud física y mental de cara al desfile, y además serán algunos de ellos probablemente las primeras personas del mundo que van a recibir vacunas contra la gripe A.
cvtp