Cuando el rabino Aaron Katz camina por las calles del viejo barrio judío de Varsovia, se imagina escenas de antaño: familias que van a sinagogas, mujeres que cocinan los platos del sabbath, los niños con los rulos de los judíos ortodoxos.
Pero la vida de Katz dista mucho de la de la Europa oriental de preguerra, especialmente en un aspecto: es el primer rabino de Polonia que admite ser gay.
Katz nació en Argentina hace 53 años, hijo de una pareja que huyó de Polonia antes del Holocausto, y se sumó a un grupo de rabinos que tratan de revivir lo que fuera una vibrante comunidad judía, arrasada por Hitler.
Se radicó en el histórico barrio judío de Varsovia en marzo, junto con su pareja, Kevin Gleason, productor en Hollywood de exitosos reality shows como ''The Bachelor'' y ''Nanny 911'', con quien formalizó una unión civil en Los Angeles hace dos años.
Viven muy cerca de la que fuera la casa del padre de Katz, en un departamento moderno y grande, con sus dos perros. Katz dice que lo conmueven los lazos con su pasado, pero que se enfoca en el futuro.
''No creo que volvamos a tener una gran comunidad judía'', declaró, aludiendo a que antes de la guerra una de cada diez personas en Polonia era judía y abundaban las sinagogas y las yeshivas. ''Pero espero poder hacer una vida normal de judío en Polonia''.
Katz es un fenómeno inusual en Polonia, un país conservador donde la condición de judío o de gay plantea sus desafíos, especialmente en el interior. De sus 38 millones de habitantes, solo 5 mil se declaran judíos. Miles tienen antepasados judíos y algunos volvieron a sus raíces luego de la derrota de la dictadura comunista.
Katz es el segundo rabino que sirve en Beit Warszawa, una comunidad reformista de 250 personas fundada hace diez años en Varsovia por judíos polacos y estadounidenses que no sienten afinidad con ciertas prácticas ortodoxas, como la de separar a hombres y mujeres durante los servicios del sabbath. Los reformistas ordenan rabinos gay.
Los homosexuales están ganando aceptación en la Europa oriental postcomunista. La República Checa, Hungría y Eslovenia reconocen las uniones del mismo sexo. Polonia no ha llegado tan lejos. Tiene un activo movimiento gay y discotecas gay en las ciudades, pero la Iglesia Católica y algunos políticos conservadores describen públicamente la homosexualidad como algo anormal e inmoral.
Katz, quien es ciudadano de Argentina, Israel y Suecia, dice que no ha tropezado con antisemitismo ni homofobia en Polonia. Pero algunos miembros de la comunidad judía, que pidieron no ser identificados, afirmaron sentirse un tanto incómodos.
vsg