La apatía salió a pasear al Centro Histórico de Coyoacán. Fue a misa, corrió con su perro y compró una nieve, pero no llegó sola, también apareció el “voto anulado”.
En el quiosco del jardín Hidalgo, con el sol que amenazaba una tarde calurosa, la “urna volante” de EL UNIVERSAL se sentó en las escaleras y llamó a sus invitados a expresar su intención de voto para jefes delegacionales. Se trata del primer sondeo periodístico previo a las elecciones del próximo 5 de julio en el Distrito Federal. Este ejercicio no tiene valor estadístico.
”No gracias; no voy a votar”, “yo ni siquiera voy a la casilla”, “yo no; todos son unos ladrones”, “¿para qué? Siempre es pan con lo mismo”. Y por si quedaba duda, un joven se excusó: “Ahorita estoy en mi onda; estoy trabajando, no puedo”, contestó mientras tejía una pulsera de hilo.
Al menos dos de cada tres paseantes así respondieron; no escuchaban, no se detenían ni frente a la urna rotulada. Seguían de largo a sentarse en una banca bajo la sombra en el centro de la plaza.
Con el color de los globeros, la venta de artesanías y el antojo de los chicharrones con chile, las 75 boletas que sí recibieron los paseantes estaban encabezadas con el nombre de EL UNIVERSAL, seguidas del logotipo de los ocho partidos políticos que contenderán el próximo 5 de julio, además de un espacio en blanco por si alguien quería votar por otra organización o candidato no registrado para jefe delegacional.
“Uy, no hay ni a quién irle, ¿cuál es el menos peor?”, decían y luego reemprendían su camino. Cuando la apatía comenzaba a cansarse de caminar entró al quite el voto nulo y dejó bien firme su pluma: de 100% de las boletas, 25.3% fueron suyas. “Que se acaben las trampas, robos de los funcionarios al pueblo y los vendepatrias. Jamás votaré”, escribió uno de los participantes con plumín azul en la boleta.
“Sí votaré, pero por nadie”, escribió otra persona con tinta negra.
Los demás participantes cruzaron la boleta de esquina a esquina con una “x”. Otros tacharon todos los partidos o escribieron “ninguno” o “anulo mi voto”. Y la voz de una mujer de cabello blanco preguntaba: “¿Oiga, y cómo anulo mi voto?”.
Al fondo, en una orilla de la plaza, un pajarillo cantaba en su jaula y una voz masculina decía: “Venga a que le digan su suerte en un papelito...”.
Y aunque nadie lo invitó al paseo, el espectro del “fraude” hizo de las suyas: cuatro boletas repartidas nunca entraron a la urna sellada. Algunos la doblaron y se la metieron a la bolsa, otros se fueron en sentido contrario. Quizá alguna terminó en la basura. En total, cuatro papeletas fueron robadas.
En medio del ruido de las obras frente a la templo de San Juan, o el polvo que busca arruinar el maquillaje de las invitadas a la primera comunión de una niña, esperaba la “urna volante” quieta, silenciosa, en espera del voto libre y secreto de los visitantes del jardín, y con uno que otro tropiezo de los paseantes despistados, curiosos o los que pasaban de largo. La apatía tuvo una prueba y la superó:
“Si queremos participar, pero tenemos 16 años”, dijo una pareja de adolescentes. Ya tendrán su turno en 2012.
Hacia el mediodía, pocos, muy pocos externaron dudas, no hubo curiosidad, tampoco hicieron comentarios sobre los partidos o los candidatos, sólo decían si o no, cruzaban su boleta y seguían el paso. Así estaban el desánimo electoral ayer, en el centro histórico de Coyoacán. (Con información de David Galicia, Karina Suárez y Fernando Rodríguez)