"La libré", es el sentir de Moisés Bonilla, de 46 años, quien estuvo hospitalizado cinco días a causa de un cuadro compatible con influenza porcina en el Hospital General de Iztapalapa.
El 22 de abril comenzó con los síntomas: fiebre, dolor de cabeza y articulaciones; se automedicó con penicilina, pero el malestar no disminuyó, así que lo llevaron al hospital donde tuvo que esperar unas horas para ser atendido, pues la demanda del servicio era mucha, recordó.
Moisés Bonilla señaló que los dolores eran muy fuertes y tuvo que tirarse en el suelo del hospital, mientras esperaba la revisión médica.
Por fin, fue internado en la madrugada y aislado por los síntomas que presentaba. En ese momento, él pensó "que me iban a dar algo para la gripa y me iba a ir", pero eso no sucedió.
Al encontrar que sus síntomas eran compatibles con la influenza porcina lo pasaron a un cuarto al que horas después llegó una persona más, ambos estuvieron al cuidado de una enfermera que les asignaron para ellos.
Los primeros días, el medicamento que le suministraron fue sólo para disminuir las molestias, pues los antivirales no los tenían en existencia en el hospital, pues aún se desconocía la presencia de un nuevo virus de influenza y las autoridades todavía no declaraban la emergencia sanitaria.
Un par de días después, cuando las autoridades recibieron los antivirales comenzaron a administrárselos "de manera rigurosa" cada hora.
Moisés reconoce que sintió miedo al estar dentro del hospital, porque había gente "que entró pero ya no salió".
Su preocupación era que su familia depende de él y la enfermedad, sumada al desempleo, en el que se encuentra desde diciembre de 2008, le hicieron sentir aún más temor.
Ahora, que se encuentra fuera del hospital, agradece a los médicos haberlo tratado a tiempo, "porque yo ya estoy afuera, la libré, y sigo con mi familia".
El tratamiento de antivirales lo concluirá hoy; sin embargo, los médicos le pidieron extremar precauciones en el hogar, por lo que tendrá que mantenerse alejado a un metro de distancia de su familia, además de que deberá desinfectar todo lo que él toca para evitar contagios.
Así que, por lo pronto, mientras su recuperación es total, su hija y sus nietos dejarán el departamento en el que viven y se irán con otros familiares para mantener alejada la posibilidad de contraer el virus.
A unos días de su estado más crítico, en el que sentía que los pulmones le reventaban, pide a la gente extremar los cuidados, "porque hay gente que no cree, que piensa que esto es político".
Sin embargo, dice, "tampoco puedo pedirles que lo sufran, yo lo viví y sé que es eso", por ello se siente afortunado de estar con su familia.
Pues, lo que vivió dentro del hospital no se lo desea a nadie, sobre todo por las defunciones que presenció, "fueron tres en el tiempo que yo estuve".
mvc