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México

Matando la innovación
La falta de eficiencia gubernamental y de una regulación más sólida impide que la innovación tecnológica en el sector telecomunicaciones se aproveche e impulse a otras industrias

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Camilo Vidal
El Universal
México, DF Viernes 24 de abril de 2009
 

fEn 2004, ingeniosa pero ingenua empresa llamada Sistema Computarizado de Emergencia (SCE) entró al mercado de las telecomunicaciones con un servicio específico: ofrecer a los habitantes de Nezahualcóyotl un número único de emergencia, semejante al 911, para que pudieran comunicarse rápidamente con policías, bomberos y médicos de urgencias. Sin embargo, para cobrar su servicio y que éste fuera rentable tenía que hacerlo por medio del recibo telefónico.  Así que pidió a Telmex, que tiene prácticamente todo el mercado de telefonía fija en el país, que facturara y cobrara este servicio en sus recibos, claro, con su respectiva cuota.

Telmex, que tenía planes para su propio sistema de emergencia, se negó a prestar el servicio de facturación y cobranza. Argumentó que el servicio de emergencia era una “molestia para sus clientes”. SCE se inconformó y presento una denuncia ante la Comisión Federal de Competencia (CFC), que a su vez multo a Telmex con 4.5 millones de pesos. Telmex, que conoce las debilidades institucionales del sistema judicial mexicano, presentó uno más de sus cientos de amparos; sin embargo, ahora no corrió con suerte y los tribunales, en “tan sólo” dos años (cada procedimiento legal en el que Telmex y la  CFC se enfrascan duran en promedio de cuatro años), determinaron que la “multota” procedía y que Telmex tenía que prestar dicho servicio a SCE. 

La conclusión de esta y muchas otras historias es sencilla: en México será difícil, si no imposible, desarrollar negocios innovadores en los que se requiera eficiencia, bajos precios y trato equitativo en el mercado de las telecomunicaciones. Pero este ejemplo nos podría llevar a imágenes maniqueas y conclusiones deterministas que no son del todo correctas. Maniqueísmo sería pensar que Telmex es el malo de la historia y que todo estaría mejor si la empresa no existiera. La dura realidad es que Telmex juega al límite porque la autoridad y el marco de reglas de juego así se lo permiten. Más aún, si no fuera ella, otra empresa haría lo mismo si tuviera la concentración de mercado en los distintos servicios que ésta ofrece. Ejemplo claro es Telefónica en España, a la que también le gusta sacar estos tipos de trucos anticompetitivos de la chistera. La conclusión determinista y derrotista sería pensar que para que mejorara la competencia en el sector tendríamos que esperar sentados a que, casi por arte de magia, tuviéramos un sistema judicial efectivo especializado en términos de competencia, una Cofetel semejante a la Federal Communications Commission y poderosas organizaciones de protección al consumidor.

Afortunadamente, esto no es así. Se necesita sólo una pequeña pizca de eficiencia gubernamental y una pequeña visión de futuro. Con ello, la innovación tecnológica de las telecomunicaciones le abriría paso a más innovación que podría surgir y desarrollarse con mejores términos de competencia en este sector. No hace más de 10 meses la CFC determinó que Telmex tenía poder sustancial en cuatro mercados intermedios: originación de llamadas, tránsito local, enlaces dedicados y terminación de llamadas. Para no entrar en definiciones técnicas, poco prácticas y aburridas, en términos generales los mercados intermedios son los servicios que una empresa como Telmex presta a otras telefónicas como Avantel, Telefónica o Unefon para que éstas puedan, a su vez, ofrecer a los consumidores finales servicios de valor agregado como internet,  transmisión de imágenes y datos  y muchos otros servicios. Es decir, son insumos básicos para que estas empresas puedan ofrecer sus servicios en todo el país.

Al ser Telmex declarado dominante, no quiere decir que la empresa está haciendo algo ilegal, sino que prácticamente, debido a su red telefónica por todo el país, es la única empresa que puede prestar estos servicios intermedios. Lo que sí es peligroso es que con ese poder en cualquier momento Telmex puede dejar de prestar esos servicios o cobrarlos carísimo para dar ventajas a sus empresas que también ofrecen servicios de valor agregado. Más aún, Telmex puede abusar de  ese poder y el castigo por hacerlo llegará mucho tiempo después (si es que llega), causando pérdidas millonarias a otras empresas que, casualmente, serán sus competidoras.

La declaración de dominancia no sorprendió a nadie;  ya es una “tradición” que la CFC festeja cada tres o cuatro años. Lo que sí es preocupante, y aquí mi punto sobre la innovación, es que, para declararla dominante, entre otros factores la CFC analiza si existen servicios intermedios sustitutos a que las empresas como Unefon y Tefónica puedan acceder sin tener que comprarlos todos a Telmex. Y aquí viene lo aterrador: la CFC encuentra que sí existe una tecnología que puede sustituir los servicios de la red de Telmex (enlaces dedicados), y es la tecnología que despliega una red por medio de microondas.

Esta tecnología  hace que las empresas no tengan que invertir mucho dinero y tiempo en abrir calles, comprar derechos de paso y meter cableado para tener una red alternativa a la de Telmex. Pero para que esta tecnología jale, lo único que el gobierno tiene que hacer es subastar (licitar) a las empresas interesadas el espectro radioeléctrico para implementarla. Inexplicablemente, la Cofetel no ha realizado ninguna licitación en más de 10 años; la última fue por allá de 1999.

Así de fácil, los comisionados de Cofetel, empleados del gobierno, que ganan entre 150 mil y 180 mil pesotes al mes, no han tenido la atención ni el tiempo, en 10 años,  de trabajar seis meses para preparar una licitación del espectro. Más aún, este espectro esta ahí, ocioso, sin producir rendimiento al país. Es decir, se está desaprovechando que la tecnología se ha abierto paso y puede en cierto grado, sólo en cierto grado, crear una opción de competencia sin que tengamos que tener instituciones de regulación y jurídicas de primer mundo.

Esta y muchas otras opciones tecnológicas en las telecomunicaciones sólo requieren el mínimo de eficiencia gubernamental para hacerlas realidad. En esos mares burocráticos se encuentra también atorada otra gran opción: utilizar la red eléctrica de la CFE para  la prestación  de servicios telefónico, de internet y transmisión de datos. Esta red llega a todas partes del país, ahí esta, nos ha costado mucho dinero y tiempo construirla. Sin embargo, la SCT y la Cofetel no han desarrollado ni puesto en práctica un plan estratégico para echarla andar, y transformarla  en una opción real de telecomunicaciones y, por consiguiente, en una opción de competencia a la red de Telmex.

El sector de telecomunicaciones es uno de los pilares necesarios para que los mexicanos empecemos a crear empresas innovadoras. Si no hay competencia en el sector, y se desaprovechan las nuevas tecnologías para crear competencia, no se tendrá la infraestructura mínima a precios competitivos que se requiere para innovar. La competencia generará mayor inversión, esta inversión hará accesible a más gente poder utilizarla. Si las telecomunicaciones permean en la población, se generará una plataforma atractiva de mercado a empresas innovadoras que quieran prestar sus servicios por medio de internet, telefonía y todo tipo de transmisión de datos.

Nuestro atraso en infraestructura para la innovación es serio; la OCDE muestra indicadores alarmantes: tenemos sólo cuatro personas por cada 100 habitantes con acceso a internet, somos el penúltimo lugar de 30 países en este rubro por debajo de Hungría, Polonia, Grecia y la República Eslovaca.  Somos el último lugar en número de suscriptores en servicios de banda ancha con tres personas por cada 100 habitantes. Somos uno de los últimos lugares en negocios con acceso a internet y, sin embargo, somos el séptimo país con mayores problemas de seguridad en páginas de internet.

Y así podríamos seguir documentando nuestro optimismo, pero esa no es la idea; el punto es que la falta de competencia en las telecomunicaciones es un obstáculo que mata la innovación en el país, sin innovación nos tendremos que conformar con tasas de crecimiento menores a 4% anual. Sin embargo, hay luz a final del túnel: la tecnología nos presta una oportunidad para subsanar algunas carencias institucionales para crear competencia en este sector. Hay que aprovechar esta oportunidad que muy pronto se puede ir de nuestras manos.

Centro de Alta Dirección en Economía y Negocios (CADEN), Facultad de Economía y Negocios, Universidad Anáhuac



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