En México se vive una espiral de violencia que parece no tener fin y es imposible lograr la paz y la justicia, advirtió el presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), Carlos Aguiar.
Por ello, hizo un llamado a todos los obispos del país a reconstruir el tejido social.
"Como un esfuerzo de sobrevivencia se justifica defendernos de los injustos agresores, de mafias delictivas que han caído en la tentación de siempre, obtener dinero y poder para su pequeño grupo, dejando de lado a los demás prójimos que solamente utilizan para sus intereses", expresó.
Al oficiar la misa con la que se inauguraron los trabajos de la 87 asamblea plenaria de la CEM en la Basílica de Guadalupe, dijo que Jesús les enseñó que es "posible enderezar la rama torcida, que es posible obtener la justicia y la paz".
Señaló que las enseñanzas pueden aplicarse a la sociedad.
"Por ello es conveniente preguntarnos, ¿es posible cambiar una sociedad, un país, enderezar sus ramas torcidas, salir de la espiral de la violencia y de la corrupción generalizada? (...) ¿cómo puede renacer un país estando ya tan habituado a convivir con la corrupción?", dijo.
Exhortó a los obispos a que intensifiquen su presencia en la sociedad para reconstruir y fortalecer el tejido social.
Señaló que la presencia del mal ha estado presente en la sociedad, "así se genera una espiral de violencia que parece no tener final, una guerra que está siempre presente en algún lugar del mundo, con ello el anhelo de justicia y paz pareciera un deseo imposible de lograr.
Al final de la misa, se llevó a cabo la renovación de la consagración de México al espíritu santo. Algunos de los asistentes, al momento de la consagración gritaron "viva Cristo rey" y "viva santa María de Guadalupe".
fml