| | | | gpreciadoj | 2009-04-17|19:35 | Mexico | | | | | | | | | La felicidad humana es siempre inquebrantable y constante, la paz y la armonía del alma, siempre enlazan la generosidad con la dulzura. La vida feliz es, lo que está conforme con nuestra naturaleza, y solo se experimenta cuando el alma está sana y en constante posesión de su salud; y cuando nuestra fortaleza interior es enérgica y ardiente, magnánima y paciente, adaptable a las circunstancias, cuidadosa sin angustia de su cuerpo y de lo que le pertenece, atenta a los dones que sirven para la vida, sin admirarse de ninguno; empleando los bienes de la fortuna, sin ser esclava de ellos. Esta certeza nos impide ser cautivos de factores ajenos a nuestras posibilidades, nos sabemos parte integral del alma del mundo, y afloran en nuestro entorno encantadores monólogos de agradecimiento existencial, alegres sonrisas, así, las sensibilidades mas sutiles se manifiestan impregnadas de imágenes, de acariciadas figuras de los seres amados que como dioses se manifiestan con esplendor en nuestros corazones. La humanidad se estremece emocionada ante las irradiaciones que evocan las bondades de la vida, nos emociona un amanecer, el éxtasis de puesta del sol, acariciamos las alegrías del mundo, se yergue silenciosa en nuestra mente la imponente y colosal imagen de un templo interior, divinizado, del que surge un rito apoteótico al amor humano. La fraternidad con nuestros compatriotas impulsa nuestras almas en busca de una obra que todo lo armoniza de manera invencible, conmovidos por todo lo viviente, dejamos surgir las maravillosas formas en nuestra alma de todo tipo de sueños, la naturaleza nos muestra su afinidad con nosotros y los obstáculos se tornan victorias, nada significa que nuestras familias sean acosadas de manera implacable por los agoreros de la fatalidad que vociferan la culpa, el dolor y tenebrosos reproches psicológicos con sentencias apocalípticas, por juicios morales sumarios. Ante la imponente presencia del amor fraternal, hacemos bellas evocaciones que armonizan con el universo, con la renovación de la identidad de las almas, sin sectarismos aprendemos de los diversos sentimientos de placer o de pena de nuestros congéneres. Un sentimiento más delicado, al cual se da este epíteto, es el que anuncia talentos y cualidades superiores de espíritu en quienes nos rodean, y que se rodean en su ánimo de praderas iluminadas de flores, de valles donde revolotean ruiseñores y por donde pasan numerosos rebaños de inocentes seres. Para ser capaz de recibir estas impresiones en toda su fuerza, es necesario estar dotado del sentimiento de lo sublime, y de lo bello, así fuimos formados. Los espíritus que poseen la esencia de lo sublime son inclinados hacia los sentimientos elevados, sometidos por la eternidad. Lo sublime conmueve, lo bello encanta. La figura del hombre dominado por el sentimiento de lo excelso, es fija y elevada, el vivo sentimiento de lo bello se manifiesta con esplendor brillante en nuestros ojos, por la sonrisa, lo inefable se halla acompañado de una tranquila admiración, y en otros se halla ligado a una belleza extendida sobre un vasto horizonte de veneración a la tierra, a la familia. Seducidos entre sueños nos sumergimos en el abismo del tiempo reteniendo el deleite de todos nuestros instantes. En la medida que penetramos mas profundamente en nuestras emociones gravita sutil la excelsa belleza del mundo, su naturaleza generosa extravía nuestros sentidos, nos desnudan el alma. Se han ido las alegrías simples para siempre en algunos pueblos, donde no se sonríe porque todo mundo parece sometido a la severidad de sus presiones sin encontrar todavía el camino que necesitan y mucho menos el que desean, otros están trágica e irremediablemente divididos, otros no tienen mucho porque nunca han tenido, y otros, en fin, tienen una relación ambigua con su patria aunque no la tengan con sus raíces. En los mexicanos la felicidad depende más del carácter de la familia, del matrimonio, de la fraternidad, de los amigos, de desear menos, de hacer favores y de la confianza en nuestra visión del mundo y por las emociones que dominan el ánimo de felicidad en nosotros por siempre. Podemos alcanzarlo todo, porque nos recreamos en el sentimiento de la belleza y de la dignidad de la naturaleza humana. El sentimiento de la belleza de la naturaleza humana es el principio de la benevolencia universal, de su dignidad, y si este sentimiento toca a su más alta perfección en nuestro corazón, somos los hombres y mujeres que se amarán y se estimarán, como cada uno de aquellos a los cuales se extiende su vasto y noble sentimiento. TODOS IGUALES Y TODOS HERMANOS- | |