Un camino largo y soleado corre recto frente a la residencia oficial de Los Pinos. Más de un centenar de Cadetes del Colegio Militar flaquean la entrada vestidos con uniforme de gala; negro con ribetes dorados. Sobre sus cabezas las tradicionales banderolas alternadas con los emblemas de México y Estados Unidos.
Antes de la llegada de ambos jefes de Estado a la plaza Francisco I. Madero, la temperatura asciende. Y los ánimos también. Dos grupos de estudiantes de primaria agitan las manos y gritan para pasar el tiempo. Algunos de ellos presumen su habilidad para hablar inglés. Vienen del Colegio Americano y varias otras escuelas similares de la ciudad de México.
La casa presidencial mexicana ha invitado al evento. Poco más de media hora antes del arribo a la plaza Madero de Barack Obama, las gran mayoría de los asistentes han ocupado ya sus lugares.
Llegaron varios periodistas destacados procedentes de diversos medios. Casi todos voces reconocidas de la radio o rostros de televisión. También hay opinadores analistas y académicos. Del periódico EL UNIVERSAL estaban presentes Ricardo Rocha, Emilio Rabasa, Ana María Salazar, Leonardo Curzio, Alfonso Zárate y José Luis Valdés Ugalde.
Otro contingente de invitados reúne funcionarios públicos y a uno que otro político mexicano de segundo nivel. Como siempre ocurre en estos actos, el grupo más disciplinado y silente es el de los fotógrafos y camarógrafos de la prensa.
Faltan muy pocos minutos para que Obama aparezca en escena, acompañado el presidente Felipe Calderón.
Una alfombra roja, de trazo triangular, se va poniendo a cada momento más viva. Preside todo el escenario una monumental columna donde el gran héroe de la Revolución mira desde muy alto a cerca de 700 personas.