Las condiciones generadas por la crisis económica provocan en las personas alteraciones psicosociales que se manifiestan en ansiedad, tristeza y estrés y pueden derivar en condiciones crónico degenerativas como depresión y frustración, aseguró el investigador Rolando Díaz.
El especialista de la Facultad de Psicología de la UNAM precisó que la inestabilidad financiera, al igual que las enfermedades mentales, afecta al sistema inmunológico, y que en este entorno probablemente se presentarán más efectos y desesperación, que incrementarán la posibilidad de caer en adicciones.
Además, es probable que se presenten repercusiones a nivel individual que impacten en lo social, como violencia, retraimiento y baja participación en la búsqueda de soluciones. "La tensión provocada por las recesiones afecta a los mecanismos encargados de proteger al organismo y genera padecimientos físicos y mentales", indicó.
En México, la mayoría de las personas entiende la vida a partir del "familiarismo", célula social que se extiende y que sirve de apoyo en casi todos los sentidos, incluso el económico.
Cuando los miembros de ese núcleo pierden la posibilidad de ayudar, los integrantes caen en un individualismo brutal cuya filosofía se resume en la frase: "¡Sálvese quien pueda!", apuntó.
De esta manera, se genera una crisis al interior de la familia, con los amigos y la comunidad. Cuando la identidad propia se basa en saber ser "un buen cuate" y en mantener relaciones armoniosas con los demás, la imposibilidad de lograrlo provoca un desajuste interno, indicó Rolando Díaz.
En esta situación, es probable que el sujeto tenga una autoestima cada vez más baja, que se deprima, enoje y se desespere. No obstante, quienes ven la vida con optimismo, convertirán sus acciones en hábitos y éstos se volverán rasgos de personalidad.
Para enfrentar las dificultades es indispensable desarrollar una actitud y perspectiva constructiva, concluyó el especialista en cultura, personalidad, valores, actitudes y creencias de la sociedad mexicana, agregó.
vrs