Eso dice el dicho que seguramente ha escuchado: Mujeres juntas… ¡ni difuntas! Y la mera verdad, sólo lo puse en el título para llamar la atención y desmentirlo.
Al menos en mi experiencia, la cosa no sucede para nada así. Las mujeres convivimos todo el tiempo entre nosotras y la verdad nos llevamos bastante bien, por lo general.
Particularmente he descubierto que la solidaridad entre nosotras se nos da. Todo el tiempo y en detalles que a veces pasamos por alto.
Está la madre que ayuda a su hija que trabaja a cuidar a su hij@. La vecina que te ayuda. La compañera de trabajo que quizá sabiendo que pasas por lo mismo que ella –la famosa doble o triple jornada—al menos te escucha. La hermana, la prima, la tía que te entiende como nadie.
La amiga que está ahí siempre. Y ejemplos hay más allá del día a día.
El otro día platicaba por teléfono sobre el caso, por ejemplo del banco Compartamos que por estos días ya tiene un millón de clientas. Ahí están grupos de mujeres que se apoyan unas a otras para, por ejemplo, compartir créditos y respaldarse.
Son mujeres de bajos recursos que no pueden acceder a microcréditos de otra manera y que se juntan, en grupos como de 20 personas, para en caso de que una no pueda pagar lo hagan entre todas. Y fíjese: su cartera vencida, en comparación con otros bancos, es bajísima.
Lo que me parece que pasa en este tema de la rivalidad entre mujeres es algo que me dijo María de los Angeles Moreno, la ahora senadora priísta, hace muchos años que la entrevisté… cuando también era senadora priista, por cierto.
A las mujeres nos han hecho pensar (quizá porque así fue durante algún tiempo cuando verdaderas amazonas que nos precedieron allanaron el camino) que hay una sola zanahoria para todas. Es claro, una metáfora.
Me explico mejor: que hay solo pocos puestos, lugares, espacios para las mujeres…. y por lo menos ahora ya no es así, pero seguimos con la idea –quizá—en el inconsciente.
Reconozco que sobre todo a niveles de poder (lo mismo en la empresa que en la politica) falta todavía mucho por lograr. Que existe un techo de cristal, que es bueno que sigan habiendo cuotas para mujeres en todos lados…
Pero es precisamente quitándonos de la cabeza que hay una sola zanahoria para todas que esto se acabará. Sólo a través de la solidaridad entre las mismas mujeres y apoyándonos unas a otras lograremos cada vez más espacios hasta que llegue un momento en que no se cuestione nada de esto: ni el género ni, por supuesto, la competencia, ya probada, de las mujeres en prácticamente cualquier profesión que sea de su elección.