Iván, de 37 años y padre de
dos hijos, desafió durante 12 años al cáncer, pero al mismo tiempo debió
enfrentar la negligencia, maltrato y abandono del personal médico en la Unidad
de Medicina Familiar y el Hospital General de Zona 58 del Instituto Mexicano
del Seguro Social en Tlalnepantla. Murió el 24 de enero víctima de una
prolongada enfermedad, así como de la insuficiencia y mala calidad de los
servicios.
En 1997, los médicos de
dicha Unidad le diagnosticaron migraña, pero resultó que tenía un tumor maligno
en el cerebro, que le dejaría secuelas de por vida. A principios de 2008 tuvo
molestias estomacales, y ahí mismo le recetaron medicamentos para colitis y
gastritis, aunque en realidad padecía cáncer hepático, que derivó en metástasis
cerebral y lo mantuvo dos semanas en coma, hasta producirle la muerte. En sus
últimos días "no quisieron ni bañarlo, porque dijeron que en Urgencias no se
hace ese servicio", comentó su madre, Patricia Hernández.
Nercy,
de 28 años, llegó por un dolor de pecho y espalda agudo al área Urgencias del
Hospital General de Zona 76, en Xalostoc (Ecatepec). Le entregaron en un sobre
blanco pastillas para la tos y el dolor, remitiéndola luego a su clínica
familiar, la número 93, donde complementaron el medicamento. Puesto que el
dolor no cedió, regresó. La mantuvieron en observación, le recetaron las mismas
medicinas y la mandaron una vez más "a su clínica". Nercy desfalleció unos días
después y su esposo debió llevarla al hospital una vez más, de donde la enviaron
a La Raza. El diagnóstico: neumonía. "Tengo mucho coraje contra los doctores
del Seguro porque no se dieron cuenta de lo que tenía y me pude morir por un
infarto pulmonar".
Todos
los días, miles de derechohabientes y beneficiarios como Iván y Nercy ven vulnerado
su derecho a la seguridad social. Elena Azaola, investigadora del Centro de
Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, afirma que es
consecuencia de un Estado de desigualdad e inhumanidad, donde prevalece la
cultura del abuso. "Es un deber del Estado
proporcionar buena atención. Es una pena que la gente no tenga claro cuáles son
sus derechos y lo que tiene que exigir, y no permitir que las autoridades sigan
abusado y haciendo mal uso de los recursos".
La
Comisión Nacional de Derechos Humanos recibió en 2008 cerca de 3 mil quejas por
maltrato y agresiones de de personal del IMSS. Hasta hoy, en el 30% de los
casos se han emitido "pronunciamientos" en favor de pacientes o sus familiares
-desde hace siete años el IMSS
ocupa el primer lugar de quejas recibidas por aquel organismo.
Enfermos y familiares, en
peregrinaje
Los
hospitales donde Iván y Nercy sufrieron días de dolor innecesario, abuso y
abandono están en la zona connurbada del Valle de México, una de las que tienen
mayor rezago en el IMSS. El Hospital General de Zona 58, en Santa Mónica
(Tlalnepantla), es el que más quejas ha motivado, según los registros de Israel
Gallardo Sevilla, responsable de la Delegación Regional Poniente. En la sala de
espera de Urgencias, casi siempre saturada, Patricia Hernández aguardó durante
más de una semana que le dieran información sobre Iván tres veces al día
"brevemente y de mal modo", aunque no podía despegarse "ni un minuto porque me
regañaban".
El
19 de enero la llamaron mientras era entrevistada por EL UNIVERSAL. Entró a
Urgencias y encontró un paisaje devastador: había ocho sillas en el pasillo,
ocupadas por pacientes en bata azul; 12 camillas también ocupadas, y al fondo,
entre un penetrante olor a sanitario, medicinas y abandono, las únicas 16 camas
"de observación". Encontró a Iván con la mirada extraviada, su aspecto
reflejaba la lucha contra la adversidad que le acarrearon el cáncer, fallas
médicas y mal servicio. A un lado un anciano trataba de quitarse la mascarilla
de oxígeno. Por allá se escuchaban lamentos. Las conversaciones de médicos y
enfermeras, y el golpeteo de una vieja máquina de escribir desde un rincón eran
lo más vivo de tan lúgubre sala.
Muerto
Iván, su madre, esposa e hijos se preguntan qué habría sido de él si le hubieran
detectado el cáncer a tiempo. Si bien nunca tendrán una respuesta, están
convencidos de que no fue el cáncer lo único que lo mató, "aunque eso no está
escrito en el acta de defunción", lamentó Patricia, su madre.
"El especialista soy yo"
Algo
semejante ocurre en la Delegación Oriente. Un caso es el del Hospital General
de Zona 76, en Xalostoc, cuya sala de espera está a la intemperie. Una fría
tarde de enero fue entrevistada Laura, de 55 años. Se truena los dedos y limpia
las lágrimas mientras aguarda que su esposo salga del quirófano. Teme dar su
testimonio; su hija, una muchacha de 25 años, le advierte que su padre, "que de
por sí ya está grave", podría sufrir represalias. Finalmente se decide: "Mi
esposo es diabético, hipertenso y tiene insuficiencia renal. Desde el sábado lo
traje y le comenté al doctor de piso que le revisara el pie porque se lo veía
mal, pero me dijo de mala manera, ‘Yo soy el especialista y sé lo que tengo que
hacer, el pie está bien'".
Al
pasó de los días, narra, el pie de su esposo empeoró, de modo que cuando
"escuché en el elevador que unas personas habían tenido que ir a ver al
director para que les hicieran caso, hice lo mismo". Horas después lo revisó el
jefe de piso: "‘Está muy mal‘, me dijo. El miércoles le amputaron un dedo gordo
del pie, y el jueves le subieron la temperatura, el azúcar, la presión; se puso
mal, lo estabilizaron y hoy (viernes) lo volvieron a operar. Ya le quitaron el
pie y ahora no sé lo que sigue".
"Metía mamilas a
escondidas"
Mercedes
González (55), Marcos Serna (46) y Guadalupe Medina (60) son usuarios del
servicio del Hospital General de Zona
de Coacalco, al que califican de "muy malo". Sus familiares han estado en la
sala de Urgencias y coinciden en diagnósticos incorrectos y trato inhumano y
despótico.
El
esposo de Mercedes, anciano de 83 años, murió por cáncer de próstata, pero ni
en ese hospital ni en la Unidad 68 se lo detectaron en los 18 días que estuvo
en "observación"; ahora se arrepiente de haberlo internado. Marcos, tras dos
horas de espera, exigió a gritos que revisaran a su hijo de 14 años, a quien un
médico privado le diagnosticó apendicitis; dijo que "no es justo que nos traten
así, no venimos a pedirles que nos regalen nada, nos merecemos respeto". Y al
nieto de Guadalupe, tras una operación del píloro al mes y medio de nacido, se
le desarrollo una hernia. Su abuela afirmó que "el personal es inhumano, no hay
medicinas ni pañales y hasta leche les hace falta; mi hija tenía que meter
mamilas a escondidas porque le limitaban el alimento. Si la gente se sigue
quedando callada, esto cada día va a ser peor".
"Hace 30 años no
construyen hospitales"
"Hay
un problema de recursos humanos y materiales y eso genera condiciones
inadecuadas para prestar un servicio idóneo", dice Raúl Plascencia, primer
visitador de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, CNDH. "La salud y su
protección son un derecho humano consagrado en la Constitución, y aunque se ha
mejorado la estructura hospitalaria en el país, no ha mejorado de la
manera como todos quisiéramos la atención en esos lugares, donde la tardanza en
la atención médica o las deficiencias empeoran la salud de los pacientes".
Es evidente que fue
superada la capacidad instalada del IMSS, señala, y que una práctica denunciada
de manera sistemática por dicha Comisión es la de solicitar a los familiares
que cuiden a sus pacientes, dada la carencia de personal de enfermería. La CNDH
prepara una recomendación general para que se atiendan estas deficiencias.
En
el Estado de México, el IMSS está divido en las delegaciones regionales Oriente
y la Poniente. Su titulares coinciden en que éstas se cuentan entre las más
rezagadas del país y las que registran el mayor número de derechohabientes,
dado el crecimiento poblacional de la zona conurbada.
José
Sigona Torres, delegado de la Delegación Oriente, reconoce que tiene un déficit
de 600 camas e instalaciones obsoletas: "Trabajar en hospitales con más de 50
años de construidos hace que el ambiente laboral no se preste para el buen
desempeño de nuestras enfermeras, aunque les estamos dando cursos de desarrollo
humano para alcanzar nuestro reto: dar un buen servicio médico con excelente
calidez".
En los dos últimos años han
llegado a esta delegación, que abarca 23 municipios mexiquenses, 400 mil nuevos
beneficiarios. Según la norma internacional debe haber una cama por cada mil
habitantes, pero aquí hay .42 por mil derechohabientes (menos de la mitad de lo
mínimo), aunque según Sigona Torres esta saturación apenas "genera un poco de
mal servicio, porque nuestro personal se siente agobiado y no atiende como debe
ser".
Israel
Gallardo Sevilla, titular de la Delegación Poniente, asegura que disponen de
una cama por cada 3 mil 600 pacientes, mientras que "hace 30 años que se
construyeron los hospitales se calculó tener una cama por cada 900 enfermos".
Añade que "en los últimos 25 años no se invirtió en infraestructura y los
hospitales deprimen. Ésta es la sexta delegación más grande del país, tenemos
un millón 800 mil derechohabientes".
Impartieron al personal un curso de motivación, dice, para
"mostrarle a los trabajadores por qué les conviene estar en buena actitud en su
trabajo, en su casa y en su vida personal; se les pasan videos donde se les da
la idea de ponerse en los zapatos de los otros".
Elena Azaola, del CIESAS,
concluye que "El IMSS requiere de una reorganización urgente, se deben retomar
los valores fundamentales del trato a la gente y ponderar sobre todas las cosas
el derecho a la salud".