Pocos podrían imaginar que bajo la influencia de la abundante cultura musical estadounidense contemporánea, los niños de Nueva York se interesaran por el mariachi, pero la realidad es que su gusto crece cada año.
La escuela de mariachi de Ramón Ponce aumenta su alumnado desde hace seis años, cuando fue fundada al norte de Manhattan, primero con 40 alumnos y en la actualidad con 105 infantes de entre siete a 18 años.
"Hay muchos más niños que quisieran participar en las clases, impartidas dos veces a la semana, pero como somos una institución sin fines de lucro con fondos limitados, no es posible atender a más" , explicó Ponce, de 33 años, nacido en la ciudad de Puebla.
Las clases, impartidas por la tarde en una escuela católica del Norte de Manhattan, se dividen por instrumento: guitarra, guitarrón, vihuela, violín, trompeta y canto, además de que todos reciben clases de solfeo y armonía.
Los alumnos son de Ecuador, Colombia y República Dominicana, aunque el 90% son de origen mexicano.
"Nos importa que se mantenga viva la tradición, en especial en Nueva York, donde hay influencia de todo el mundo, y que los niños se sientan orgullosos de su herencia latina" , comentó Ponce en las instalaciones del colegio.
La intención no es instruir a los infantes para ser músicos profesionales, sino mostrarles apego a la tradición y una sensación de pertenencia en una ciudad tan dinámica como la Gran Manzana.
La escuela es la más grande dedicada a la enseñanza del género mariachi que existe en la costa Este de Estados Unidos, y rivaliza con las que se han creado en Texas, California, Arizona y Nuevo México.
Creada gracias al apoyo del Centro para la Música y Danza Tradicionales en esta ciudad, ahora se mantiene debido al sustento financiero de la prestigiada beca estadunidense National Endowment for the Arts.
La inscripción sólo cuesta 20 dólares al año, más una cantidad igual adicional que vale el libro con el repertorio de la música del género, y aunque es preferible que los aspirantes tengan nociones sobre su instrumento, vale más que les interese la música ranchera.
En una ciudad tan grande como Nueva York, y con tantos mexicanos: casi un millón, resulta escaso el número de ejecutantes de este estilo.
En el día de Santa Cecilia, compartió Ponce, se congregan no más de 150 músicos, la mayoría de los cuales no se dedican a tocar de manera profesional.
Ponce está convencido de que el género seguirá desarrollándose, y pese a que haya perdido un poco de popularidad en las últimas décadas se mantendrá como una de las banderas de México ante el mundo.
"El mariachi es la esencia de México y nunca va a morir, porque cuando lo escuchas en el extranjero tiene un poder mágico: te hace sentir más mexicano" , enfatizó Ponce.
vsg