Nació el mismo año que la Constitución de 1917. Después de la revolución, México fue presa de innumerables caudillos, muchos con la intención de arrebatar tierras o cargos; una vez héroes, ahora buscaban para sí que la revolución les hiciera justicia.
Cuando Rodolfo Guzmán asumió la identidad del Santo, al mismo tiempo llegó a la presidencia de la República Lázaro Cárdenas del Río y con él, el México moderno del Siglo XX.
Pocas veces la cultura popular ha engendrado a un ídolo tan acabado; un héroe nacional intachable y capaz de doblegar a las más distintas amenazas; desde hombres lobo y momias guanajuatizadoras hasta invasores extraterrestres, pasando por hermosas y peligrosas mujeres vampiro.
Sus más de cincuenta películas y el tiraje bestial que alcanzaban sus historietas lo hicieron un suceso mediático de alcances internacionales, para muchos el Santo fue más un actor de cine que un luchador, sin embargo era el ring en donde el actor de cine y el dibujo de papel cobraban vida.
El Santo fue siempre un héroe de carne y hueso que luchaba todos los domingos, a diferencia de Kalimán, Dick Tracy o Supermán.
Tal vez su éxito deportivo más importante fue su victoria ante Black Sadow en 1952.
Aquella tarde, en al Coliseo de la Lagunilla el bien y el mal se enfrentaron y apostaron máscaras. El Santo salió del embudo con un pedazo de tela negra en las manos, y también una rivalidad que habría de seguirlo por el resto de su vida.
Blue demon, compañero de Black Shadow retó al Santo tanto en el cine como en el cuadrilátero. Filmaron como compañeros y también como rivales, sin embargo fueron pocos los encuentros que brindaron mano a mano. México no estaba listo para ver la colisión definitiva de dos planetas.
Numerosos luchadores que eran jóvenes cuando los dos colosos libraban batallas épicas, recuerdan que ambos eran siempre caballeros dentro y fuera del ring, que saludaban de mano a todos sus colegas en los vestidores, fueran reconocidos o no. Esa es sin duda, una forma de medir la estatura de un hombre, y tanto Santo, como Demon, no sólo eran leyendas de cine, sino embajadores del catch mexicano.
Para la fotógrafa Luordes Grobet, quién ha documentado la lucha libre a través de su lente, El Santo no fue un fenómeno, fue una persona y acaso una personalidad, "aunque fuera el más famoso de México, nunca rechazó a la gente, siempre supo que se debía a su público, cosa que ahora las estrellitas olvidan fácilmente".
Grobet no duda en afirmar que "alcanzó a convertirse en un ícono del bien contra el mal, pues fue un ángel protector en acecho de la maldad, así lo hizo en sus películas y también en la vida real".
Se retiró en 1982, pocos días antes de que Miguel de la Madrid tomara posesión como Presidente. En sus 40 años de carrera había visto el ‘milagro mexicano’, la consolidación de un partido en el poder y se había convertido en una leyenda inmortal.
Aquella ocasión, el extinto Toreo de Cuatro Caminos vio el adiós de la leyenda de plata a sus 65 años, un luchador que influyó en muchos otros, un ejemplo a seguir para los más jóvenes. Dos años después murió.
Hay, sin embargo, una leyenda negra al rededor de su muerte. Cuentan en los vestidores y en el ambiente luchístico que era tan importante su personaje, que el día que perdiera la máscara, moriría.
Nadie en realidad le arrebató nunca la plata de la cara, fue él, quien por su propia mano, en el programa Contrapunto de Jacobo Zabludovsky mostró por unos instantes el rostro. Murió días después de causas naturales.
Botellita de Jeréz le dedicó un guacarock. Al inicio de la rola, parodiando aquella frase célebre de Brecht, los botellos decían: "Hay hombres que luchan un día y son buenos, hay hombres que luchan muchos años y son muy buenos, pero hay quienes luchan todos los domingos. . . esos son los chidos.”
Tal vez el México de hoy no esté listo para un ídolo conduciendo convertibles y dejando volar su capa de plata por el paisaje cotidiano de nuestras calles.
Tal vez México nunca vuelva a ser el mismo de los cincuentas, cuando los obreros, luego de una larga jornada recogían a sus hijos, y con unas monedas los llevaban a la arena, a ver a un héroe de verdad, invencible, intachable.
En tiempos donde el máximo atleta olímpico es fotografiado fumando mariguana, hace falta un héroe que nos recuerde que el bien existe y que la esperanza viste siempre, invariablemente, una capa plateada.