Alejandro Irigoyen El Universal Ciudad de México Viernes 30 de enero de 2009
09:08Si de algo estamos ávidos los mexicanos es de buenas noticias, pero de esas que signifiquen algo, que verdaderamente den cuenta de que las cosas se mueven en la dirección correcta y que en los últimos años brillan por su ausencia.
Cuando el pasado martes 27, a las 10:48 horas el avión Bonanza F33-C, matrícula Ecco Bravo Alfa 64-31, despegó de la Base Aérea Militar número cinco Capitán Emilio Carranza R., en Jalisco, realmente se estaba escribiendo una página esperanzadora en la historia de la Fuerza Aérea Mexicana.
Queda para las efemérides, como un paso más en la lucha por la equidad de género, el hecho de que el piloto no era otro que la cadete Andrea Cruz, de tan sólo 19 años de edad, la primer mujer en realizar maniobras de despegue y aterrizaje en una aeronave de la Fuerza Aérea.
Andrea, originaria de Oaxaca, cursa el segundo año de la carrera de piloto militar y le restan dos años más para graduarse como subteniente. La crónica del hecho refiere que tras 40 horas de prácticas en simuladores y aeronaves biplaza, estaba lista para volar por primera vez sola y entonces el Bonanza 64-31 enfiló sobre la pista, se elevó y en la radio frecuencia militar de la torre de control se registraba como Venus —indicativo de Andrea como cadete en vuelo— ganaba altura y se perdía en el horizonte.
La joven es una de las cuatro mujeres que cursan la carrera de licenciada en Ciencias Militares Piloto Aviador y la única que cursa el segundo año de esta profesión, pues sus tres compañeras cursan el primer año estudios.
Hace sólo 11 meses, Andrea logró atraer los reflectores de los medios de comunicación nacionales. Empezaba a hacer historia: Hija de un abogado y de una doctora, logró pasar las pruebas de admisión y se convirtió en la primer mujer aceptada en un curso de piloto de aviones de combate de la Fuerza Aérea, después de que los altos mandos decidieron aceptar el ingreso de cadetes de sexo femenino en ese cuerpo militar creado en 1959. A esos exámenes de admisión se inscribieron mil 500 hombres y 60 mujeres, de los cuales sólo fueron elegidos 106 hombres y una mujer: ella.
Dentro de las instalaciones militares, viste y cumple con las mismas obligaciones y exigencias que los demás, pero goza de algunos privilegios, como la posibilidad de usar aretes pequeños, maquillaje discreto y dormir en una habitación privada en vez de un dormitorio militar.
Pero hay algo más. Andrea es una joven oaxaqueña que significa algo así como la punta de lanza del género dentro de la Fuerza Aérea; además, por sus antecedentes económicos y entorno social, representa una versión moderna y muy mexicana del triunfo de la voluntad.
Por ello, esos 30 minutos de maniobras (despegue y aterrizaje incluidos) abren una ventana de esperanza para todos los mexicanos. Por fin se podrá decir con solvencia que en estos momentos no todo tiene que ver con el errático lenguaje político, violencia y crisis… también hay historias que merecen ser contadas, como la de Andrea —Venus para poder identificarla de entre todos los pilotos varones— que gracias a sus herramientas personales, méritos y esfuerzos —en un terreno en donde no es posible avanzar con recomendaciones o subterfugios— escribe un renglón de nuestra historia.
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Es importante el ue se hable de la equidad de generos en la labor de las fuerzas armadas, pero dan esta nota todos los medios como si hubiese tripulado un avión de combate o bombardero. Sin embargo cuando vi la nota en los medios (sin menospreciar a la dama que merece todo mi respeto) me parece que aún no hay tal equidad, pues el avion en cuestion es tan simple como uno utilizado para hacer labores de fumigación. Creo que si le buscan un poco van a encontrar mujeres haciendo cosas mas importantes dentro de la aviación. Est es en realidad una nota que demuestra el real valor que tienen las mujeres en las fuerzas armadas.