La popularidad del tequila ha provocado problemas sociales y ambientales en las regiones mexicanas donde se produce el popular licor, según un estudio de la Universidad Estatal de Carolina del Norte.
El Consejo Regulador del Tequila (CRT), con sede en Guadalajara, define al tequila como un aguardiente que se destila del mosto fermentado que se obtiene del corazón de una planta conocida como el agave azul.
De acuerdo con las leyes mexicanas, la bebida sólo puede ser producida en una zona que abarca el estado de Jalisco, y otros cuatro estados mexicanos considerados "áreas geográficas de origen".
Como estas zonas están protegidas por leyes y acuerdos internacionales, no se permite sembrar o reproducir el agave en otras partes a pesar que tarda seis años de desarrollo antes de poder ser utilizado para producir el tequila.
El estudio universitario, dado a conocer esta semana, indicó que las sitios geográficos no "pueden seguir siendo sostenidas por diversos factores sociales y ecológicos" generados en parte por el "boom" que ha tenido esta industria los últimos 15 años.
El tequila se ha expandido considerablemente desde 1990, y entre 1995 y 2005 logró duplicar la producción de la llamada "bebida espirituosa".
En 2007, el mercado total del licor produjo 284.4 millones de litros, un 17 por ciento más que en 2006, según cifras del CRT.
De lo producido en 2007, cerca de 135 millones de litros fueron exportados -75 por ciento- a los Estados Unidos, y un aproximado de 149 millones de litros fueron para consumo interno en México, según Sarah Bowen, una de los autores del estudio.
"El persistente ciclo de excedentes y escasez del agave por la gran demanda ha provocado inseguridad económica entre los productores y degradación ambiental", explicó Bowen, del Departamento de Sociología y Antropología de UNCS.
Bowen y su colega, Ana Valenzuela Zapata, de la Universidad de Guadalajara, estudiaron una de las comunidades más populares de producción de tequila, Amatitán, la segunda ciudad de importancia del estado de Jalisco (México) .
El problema del suministro y el exceso de la demanda han resultado que las empresas planten sus propios agaves de forma desproporcionada en tierras que nunca fueron destinadas para el cultivo, de acuerdo con la investigación.
Este "reemplazo de las prácticas tradicionales" de las granjas "están marginando a los productores independientes y trabajadores", resaltó Bowen.
Bowen añadió que las normas que definen la producción del tequila, como la de podar los agaves para controlar las plagas de insectos, también están siendo modificadas por el incremento del uso de pesticidas y otros químicos.
"Si la industria desea tener un impacto positivo por ejemplo en el valle de Amatitán en el productor y la tierra, es necesario asegurar prácticas de producción sostenibles en el marco legal establecido", agregó Bowen.
Para la investigadora, la industria representada por las grandes compañías productoras de tequila, no ha considerado los puntos de vista de las pequeñas granjas de agave y excluido a otras productoras pequeñas.
Según el CRT, desde 1994 se han creado 133 empresas productoras de tequila y el número de marcas ha alcanzado la cifra récord de 774.
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