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En algún punto de la historia de Mark Sánchez, el sueño
americano se convirtió también en el sueño de muchos mexicanos.
Y sólo porque él así lo ha permitido, lo ha aceptado y lo ha
adoptado como propio. La bandera mexicana, sus colores y su significado están
bien arraigados en el mexicano de tercera generación y pasador de la
Universidad del Sur de California (USC), uno de los programas de futbol
americano colegial más exitoso de Estados Unidos.
La historia de dos familias de migrantes que salieron de
Zacatecas y Jalisco a principios del siglo pasado -los Sánchez y los Moreno-
culminó en 1986 con el nacimiento del protagonista de esta historia: Mark.
Desde entonces, tras el andar de ambas familias por
California y Arizona, para establecerse en el área metropolitana de Los
Ángeles, han vuelto a sus orígenes mexicanos, aunque sea a través del cariño
que Mark expresa por su herencia, y cuyo éxito en el emparrillado lo ha
convertido en héroe de tres comunidades: la mexicana, la americana y la fusión
de ambas.
Dotado de un potente brazo, con el atletismo innato y un
liderazgo heredado, no fue difícil para el menor de los tres hijos de don
Nicholas Sánchez y Juanita Moreno llamar la atención en el terreno de juego
desde la preparatoria, donde fue designado el mejor jugador a ese nivel en todo
Estados Unidos.
Desde ese momento, las decisiones aparecieron en la vida de
Mark. Los programas de futbol americano más reconocidos de la nación, Ohio
State, Texas, Nebraska y Notre Dame tocaban a su puerta. Pero Sánchez eligió
donde estaba su corazón: USC.Jugar cerca de casa, rodeado de millones de
personas como él, de origen latino, y siguiendo los pasos de su ídolo y amigo
Carson Palmer, no tenían comparación.
Los Troyanos, además, le dieron algo que nadie más podía
darle: un sistema ofensivo a nivel profesional bajo el mando del coach Pete
Carroll, reconocido entrenador que en apenas nueve años ha tenido a su mando a
tres ganadores del trofeo Heisman, y a más de 30 jugadores que hoy están en la
NFL.
Con madurez y paciencia, Sánchez paseó por las laterales
gran parte de sus primeros dos años en el equipo, mientras Matt Leinart,
primero, y John David Booty, después, guiaban exitosamente la ofensiva de los
Troyanos.
Mientras continuaba con el aprendizaje de la ofensiva,
recibió lecciones de vida, como en el momento de su arresto (por el que
finalmente no se presentaron cargos) por acoso sexual.
Su oportunidad en el campo llegó a inicios de la temporada y
no la desaprovechó, lanzando 34 pases de anotación y 10 intercepciones, al
tiempo que guiaba a USC a ser el quinto mejor equipo a nivel colegial.
Su momento más sagrado estuvo cubierto de rosas. Una
actuación por demás brillante en el tradicional Tazón de las Rosas, en la que
lanzó cuatro touchdowns, corrió para uno más, con 413 yardas aéreas, 75% de sus
pases completos, y una mención como el Jugador más Valioso del encuentro.
Eso lo lleva a tomar más decisiones, con resultado
pendiente: la fecha límite para declararse hacia el draft de la NFL es el 15 de
enero; su destino aguarda respuesta.
De mantenerse en la universidad, Mark tendría la oportunidad
de aspirar al título colegial la próxima campaña, aumentando su aprendizaje y
afianzándose como uno de los mejores pasadores. De lo contrario, su destino
sería la NFL, donde se convertiría en el quinto quarterback con raíces
mexicanas, uniéndose a Jim Plunkett, Jeff García, Tony Romo y J.P. Losman.
La decisión depende de él, y hasta el momento sólo se ha
equivocado una vez a lo largo de sus 22 años. Ahora, cualquier decisión podría
afectar el resto de su vida.Pero Mark es valiente, tanto a la hora de aventarse
de cabeza buscando un primero y 10, como a la hora de mirar al destino.Es lo
menos que se puede esperar del nieto de un veterano de la Segunda Guerra
Mundial, del hijo de un bombero que ha estado en las peores tragedias de EU,
como Katrina, Oklahoma o el 11 de septiembre.
Pero más importante aún, es lo menos que se puede esperar de
un mexicano.