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Antes de llegar al gobierno
del presidente Felipe Calderón, Agustín Carstens bromeó: "Los mejores
secretarios de Hacienda de México han sido altos y flacos". A pesar de la
crisis económica, ahora Carstens se ha convertido en uno de los pilares de la
actual administración con su política fiscal.
Amante de la lectura, deportista en su época de juventud, el
secretario ha demostrado una de sus pasiones: el béisbol. Hace un par de meses,
participó como lanzador en un juego de los Hacienda boys contra los Peleadores
del PRI.
El recuerdo volvió a la memoria: las curvas y rectas que
tiraba de pitcher en la Liga Olmeca, donde jugaban los hijos de su beisbolista
predilecto, Ramón Diablo Montoya.Actualmente, Carstens hace sus mejores
lanzamientos en el diamante financiero. Ahí donde junto con su equipo coloca
bonos con los mejores plazos.
Inclusive, en medio de la especulación e incertidumbre
financiera, logró una gran carrera para México al conseguir proteger las
finanzas públicas del próximo año con coberturas de la mezcla mexicana de
exportación que se podrán vender a 70 dólares por barril, a pesar de que el
costo del petróleo se desplome, lo cual en 2009 le redituará en buenas
ganancias.
Carstens es considerado un economista ortodoxo de la escuela
de los Chicago Boys. A mediados de octubre de 2006, poco más de tres meses
después de que Felipe Calderón ganó las elecciones presidenciales, Carstens
renunció a la segunda posición fuerte del Fondo Monetario Internacional
(FMI).Desde la subdirección general del organismo internacional, en septiembre
de ese año, la ciudad de Singapur fue testigo de un Carstens que levantó la
mano para mandarle el mensaje a Calderón de que estaba listo para encabezar la
Secretaría de Hacienda.
El secretario libra uno de sus "clásicos" más complicados.
La economía va en picada y él tiene que tener el poder de echar a volar los
motores contracíclicos, para que el equipo no se desvanezca.Parado en el
montículo de Hacienda, el secretario lanzará desde el 1 de enero su artillería
contra la recesión.
Es Carstens, el hombre que tiene percepciones brutas
mensuales por 205 mil 122 pesos. Al que sus colegas lo ubican como un defensor
de sus principios y un luchador de sus ideales.Carstens ha hecho su carrera en
la Secretaría de Hacienda, el FMI y el Banco de México, donde se le empieza a
ubicar una vez que el gobernador del banco central, Guillermo Ortiz Martínez,
tenga que abandonar la cartera.En el plano legislativo, donde ha cabildeado ya
dos presupuestos y donde como subsecretario de Hacienda logró pasar iniciativas
financieras, Carstens es ubicado como "los boxeadores que no avientan la
toalla" para aceptar un menor crecimiento económico.
Es un economista de amplia experiencia en el sector público con
conocimientos en política monetaria y financiera, sólida formación económica,
experiencia en Hacienda y cabildeador de reformas, consideran quienes le
conocen.
El secretario volverá de sus vacaciones con su esposa
Catherine Mansell. Los reporteros de la fuente ya esperan esa tradicional rosca
de Reyes, donde podría anunciar la nueva proyección económica de México para
2009.