La ilusión de recibir la visita de los Santos Reyes en ocasiones dura muy poco ante la delincuencia que también hace blanco en niños y sus juguetes.
Aunque son hechos que no se denuncian formalmente, hay personas que tienen en sus recuerdos infantiles, el cómo fueron víctimas de los llamados "amantes de lo ajeno".
Son sobre todo las bicicletas, los principales regalos de los Reyes Magos que son hurtados.
Tal es el caso del señor Irving Yáñez, de 31 años de edad, quien narró que un 6 de enero, al despertar recibió la anhelada bicicleta "Vagabundo", por lo que de inmediato fue a probarla a la calle -en la colonia Barrio de Santiago, en Iztacalco-.
"Andaba bien feliz con mi bici cuando un señor se me acercó...iba cojeando. Me pidió que tocará en una casa, que porque él ya no podía caminar, y que necesitaba que le dijera a su familia que fuera a ayudarlo".
El entonces niño, de 11 años, descendió de su juguete, pues el hombre le dijo: "yo aquí te lo cuido", pero grande fue su desilusión al ver como el individuo se montaba en la bici y huía pedaleando.
Su madre tuvo que consolarlo.
Un caso más fue el de Daniel Olvera, que junto con uno de sus amigos de infancia se toparon con la delincuencia en plena edad de la inocencia.
"Un hombre le pidió a mi amigo, de nombre Esteban, que subiera a un departamento, en un edificio, para que le hablara a otro hombre, y éste bajara a ayudarle a subir una computadora -que supuestamente traía en una gran caja de cartón que tenía sobre una banqueta-. Yo me quedé cuidan su bici del otro niño y la mía".
Esteban recibiría una compensación económica por buscar entre los departamentos a un tal José, para lo cual debía tocar en varias puertas.
"Como mi amigo no regresaba, el señor ese me dijo: ve a buscarlo y díle que si no lo encuentra, que ya se regrese. Yo les cuido las bicis; cuando regresamos ya no estaban nuestras bicis nuevas, ni el ratero, sólo la caja de la computadora, la cual estaba vacía por supuesto".
No es inusual que los delincuentes también se apropien de las bicis que ven recargadas fuera de una tienda, de la tortillería o tiradas en el suelo, mientras sus dueños están distraídos.
"Yo andaba jugando a los encantados, dejé la bici frente a mi casa, pues desde allí la veía, pero cuando me acordé de ella, ya no estaba. Ese fue un momento muy triste para mí, porque además mis papás me pudieron una regañiza", narró Román Pérez, vecino de la colonia Juan Escutia, en Iztapalapa.
mvc