El presidente estadounidense George Bush ordenó cerrar el acceso a un parque donde familias mexicanas residentes en Estados Unidos solían reunirse con sus seres queridos que se encuentran en Tijuana.
La medida, denunció el comisionado nacional para Asuntos Migratorios del Comité de Amigos Americanos, Christian Ramírez, es una manifestación de hostilidad hacia México que no debería tolerarse, ya que avanzó pese a obstáculos legales que Bush salvó mediante reformas que impulsó de manera arbitraria.
El activista reprochó que el presidente electo de Estados Unidos, Barack Obama, se mantuvo indiferente a la petición de que interviniera a través de su equipo de transición.
En noviembre, un grupo de legisladores locales, estatales y federales, se pronunciaron para pedir la intervención del nuevo presidente, pero no hubo ninguna respuesta.
"Es un mal cierre para la administración Bush y un muy mal precedente para Obama, que no sólo no respondió a este planteamiento específico, sino que tampoco se ha pronunciado en el tema migratorio", señaló Ramírez.
Durante décadas, miles de familias residentes en ambos países se reunieron en el lugar donde podían mirarse y hasta tocarse las manos a través de una malla metálica, siempre vigilados por agentes de la Patrulla Fronteriza.
El espacio, denominado Parque de la Amistad por la esposa del ex-presidente Richard Nixon, Patricia Nixon, fue creado especialmente para que se llevaran a cabo las reuniones.
Incluso, de manera simbólica la señora cruzó a México y en ese momento (1971) se pronunció por que algún día la barda se eliminara de forma definitiva.
Christian Ramírez acusó que con el cierre del Parque de la Amistad, donde se construirá una tercera barda fronteriza, no sólo se separará a las familias, sino que se generarán serios problemas al entorno donde existen especies animales endémicas.
El cierre al espacio ocurrió durante los días anteriores. Autoridades estadounidenses aprovecharon que había poca afluencia en el lugar, denunció el activista, quien lamentó que de nada sirvieron los posicionamientos de organismos internacionales que repudiaron la medida.
Apenas en noviembre, el relator para los migrantes de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), denunció la intención estadounidense, pero no hubo ninguna reacción.
Sobre el costo de la obra, que consiste en colocar una barda metálica a lo largo de unas 12 millas (alrededor de 19.5 kilómetros), el comisionado para Asuntos Migratorios del Comité de Amigos Americanos acusó que alcanza los cuatro milllones por cada milla, un gasto insultante en tiempo de crisis.
El gobierno de George Bush argumenta que la construcción de la barda es para garantizar seguridad en la zona fronteriza, pese a que en el área ya existen otras dos barreras.
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