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Virtual nacionalización de la industria automotriz implica riesgos
En su intento por salvar a los fabricantes de autos de la nación, Estados Unidos viola al menos el espíritu de lo que ha estado pregonando por el mundo las últimas dos décadas; el tratamiento nacional

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      Cobertura: Frena la industria automotriz
    The New York Times *
    El Universal
    Washington Martes 09 de diciembre de 2008
    08:07 Cuando el presidente electo Barack Obama habló el domingo de realinear la industria automotriz estadounidense, se apresuró también a mostrarse cauto, para no parecer el líder entrante de Francia, o quizá Japón.

    "No queremos que el gobierno administre compañías", dijo Obama en una entrevista con Tom Brokaw, del programa "Meet the Press". "En general, el gobierno históricamente no ha hecho eso muy bien".

    Pero lo que Obama procedió entonces a describir fue un rescate gubernamental a largo plazo que sería condicionado a la supervisión del gobierno. Podría significar que el gobierno ordenaría, o al menos ejercería una gran influencia, qué clase de autos fabrican las compañías, qué kilometraje y estándares gubernamentales deben cumplir y qué inversiones grandes pueden hacer con el fin de reinventar una industria que, indicó Obama, "realmente trabaje, realmente funcione".

    Todo ello suena peligrosamente cercano a una palabra que nadie en el equipo de Obama quiere que lo vean pronunciar: nacionalización.

    Nunca desde que Harry Truman prefirió requisar las fábricas de acero estadounidenses en 1952 en vez de permitir que una huelga pusiera en peligro la conducción de la guerra de Corea, había Washington jugado con una nacionalización, o su equivalente funcional, de estas dimensiones. Obama podría estar pensando lo que Truman le dijo a su personal: "el presidente tiene el poder para impedir que el país se vaya al diablo".

    El hecho de que no hayan surgido mayores protestas hasta ahora refleja la desesperación del momento. Pero es una estrategia preñada de riesgos.

    El primero, claro, es el mencionado por el mismo presidente electo. El historial del gobierno como gerente corporativo es miserable, razón por la cual el mundo ha vivido una ola de privatización de tres décadas, convirtiendo ferrocarriles, aerolíneas e industrias de defensa nacionales en firmas privadas.

    El segundo riesgo es que, si el esfuerzo fracasa y las compañías automotrices estadounidenses se derrumban o son subastadas en pedazos a competidores extranjeros, los contribuyentes podrían perder los miles de millones de dólares a punto de ser gastados.

    Y el tercer riesgo, del cual se ha hablado poco, es que, en su intento por salvar a los fabricantes de autos de la nación, Estados Unidos viola al menos el espíritu de lo que ha estado pregonando por el mundo las últimas dos décadas. Washington ha demandado que los países traten a las compañías estadounidenses en su suelo de la misma forma que tratan a sus propias industrias, un concepto llamado "tratamiento nacional".

    Sin embargo, hasta ahora no se habla de ayudar a Toyota, Honda, BMW o los otros fabricantes extranjeros que han construido fábricas en territorio estadounidense, empleado a trabajadores estadounidenses y logrado obtener una ganancia al hacerlo.

    "Si Japón estuviera haciendo esto, estaríamos amenazando con miles de millones de dólares en represalias", indicó Jeffrey Garten, profesor de la Escuela de Administración de Yale y quien como subsecretario de comercio en los 90 fue uno de los muchos funcionarios que intentó en vano hacer que Detroit se preparara para un mundo de competencia internacional cuyas realidades han negado los ejecutivos de la industria por tres décadas. "De hecho, cuando ellos hicieron algo mucho más sutil, amenazamos exactamente con eso", dijo refiriéndose a las demandas de restricciones a la importación.

    Garten se declaró perplejo ante la dimensión de la intervención que está considerando Washington. "No sé si hayamos visto algo como esto desde que el gobierno le dijo a los fabricantes de autos qué clase de tanques fabricar durante la segunda guerra mundial", señaló. "Y eso sólo fue por la duración de la guerra; esto podría tardar mucho, mucho más".

    Muchas partes del plan están pendientes. A corto plazo, los demócratas están flotando la idea de vincular 15 mil mdd de préstamos inmediatos a la designación de un "zar automotriz" que podría solicitar o vetar grandes transacciones e inversiones; en esencia, un consejo de directores de un solo miembro. Dependiendo de la forma que cobre el rescate a largo plazo, Washington podría terminar siendo accionista de las empresas u organizar una "bancarrota estructurada".

    Otras naciones sin duda se quejarán, o empezarán a hacer lo mismo con sus propias compañías. "Estamos en un momento de la historia en el que China está anunciando que su sistema es mejor que el nuestro", con su mezcla de capitalismo y control estatal, indicó Garten. "Y parece que nuestra respuesta es empezar a imitar lo que ellos han estado haciendo".

    (*) Por David E. Sanger / Traducción: Gregorio Narváez).

     
     

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