Los directivos de las principales automotrices estadounidenses justificaron hoy ante el Congreso su petición de 34 mil millones de dólares para el rescate de sus firmas, al admitir errores de administración y prometer más viabilidad.
"Estamos aquí porque cometimos errores", reconoció el presidente de General Motors, Richard Wagoner, en una audiencia ante el Comité de Banca del Senado, a la que también asistieron sus colegas de Ford, Alan Mulally, y Chrysler, Robert Nardelli.
"Estamos aquí porque fuerzas fuera de nuestro control nos pusieron en el borde", afirmó el ejecutivo, quien viajó desde Detroit a Washington en su auto eléctrico Chevrolet Volt, luego de críticas en una audiencia anterior por viajar en un jet privado al igual que sus colegas.
General Motors pidió un total de 18 mil millones de dólares; Chrysler siete mil millones y Ford nueve mil millones de dólares, en conjunto una cantidad muy superior a los 25 mil millones de dólares en fondos federales que solicitaron en un inicio al Congreso.
Las diferencias entre el presidente estadounidense George W. Bush, del Partido Republicano, y el Congreso, bajo el control de los demócratas, persisten sobre la asignación de los fondos federales.
Los demócratas sugieren que se utilice parte de los 700 mil millones de dólares del Programa de Alivio de Activos Problemáticos (TARP) aprobado por el Congreso para el rescate de instituciones financieras.
Sin embargo, Bush y legisladores republicanos proponen que se empleen los fondos ya aprobados a programas federales de eficiencia de energía, a lo cual se oponen los demócratas porque sostienen que se retrasaría la modernización de la industria.
El presidente del Comité de Banca del Senado, el demócrata Christopher Dodd, argumentó que las consecuencias del colapso de la industria automotriz serían "graves" por la pérdida de miles de empleos y su impacto en negocios relacionados "desde restaurantes hasta garajes".
"La inacción no es la solución. La inacción sólo agregará más incertidumbre e inestabilidad a nuestra economía", recalcó Dodd, al comparar los "modestos" fondos pedidos por las empresas automotrices en comparación con las peticiones de las firmas financieras.
Dijo que tanto el Departamento del Tesoro como la Reserva Federal, en la presidente de Bush, han dado 30 mil millones de dólares para Bear Stearns; 150 mil millones para AIG, 250 mil millones para Fannie Mae y Freddie Mac, y más de 300 mil millones para Citigroup.
Dodd lamentó que el secretario del Tesoro, Henry Paulson, y el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, hayan declinado invitaciones para testificar en la audiencia sobre los fondos del TARP.
El senador Richard Shelby, el republicano de mayor rango en el Comité de Banca y un crítico de la "errática" instrumentación de los fondos TARP para la industria financiera, reiteró su oposición a la asistencia a las empresas automotrices.
"Me opuse a la creación del TARP aplicando el mismo razonamiento con el que intento oponerme al rescate de las tres firmas fabricantes de autos", indicó el senador durante la audiencia.
La vocera de la Casa Blanca, Dana Perino, se refirió este jueves a comentarios de líderes demócratas del Congreso sobre la falta de votos para el rescate a la industria automotriz y su posible petición de fondos temporales del TARP para esas empresas.
"Siempre hemos dicho que el programa TARP fue aprobado para un propósito muy diferente y era para evitar el colapso de nuestras instituciones financieras", subrayó.
Agregó que las firmas automotrices pueden usar fondos federales ya asignados bajo el Departamento de Energía y reiteró la necesidad de que demuestren su viabilidad para competir en la economía global en los próximos años.
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