Como un genio fuera de toda proporción no sólo para la plástica mexicana, sino para el arte mundial, fue recordado el muralista mexicano Diego Rivera (1886-1957) a 51 años de su muerte, por parte de familiares y autoridades del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA).
Durante una ceremonia celebrada en la Rotonda de las Personas Ilustres, en el Panteón Civil de Dolores, en esta capital, Ricardo Calderón, subdirector del INBA, refrendó el compromiso de esa institución de custodiar y difundir la obra de Rivera.
Recordó que hace unos días, el pintor fue objeto de otro solemne homenaje en la Ciudad de Santiago, en Chile, al inaugurarse la exposición Frida y Diego: vidas compartidas, una muestra que reúne 300 obras de los artistas plásticos mexicanos.
Dijo que el espíritu que inspira a esa exposición, no es únicamente el de dar a conocer la extraordinaria proyección artística de estas figuras, sino fortalecer el espíritu de América, "la cultura americana, como todas, persiste por medio de la obra de arte, de polo a polo, América posee un arte propio, una cosmogonía maravillosa".
Afirmó que Rivera siempre tiñó sus murales y sus escritos con una visión ecuménica, de encuentro y fortalecimiento.
"Hablar de crisis para Rivera significaba una renovación del espíritu humano, una mirada a un futuro esperanzador, donde la persona y humanidad tuvieran oportunidades de vida, llena de calidad y mucho esfuerzo", señaló.
Por su parte, Guadalupe Rivera Marín, hija del pintor, recordó que su padre fue un defensor del pueblo, un luchador social que se ocupó por llevar a los muros las imágenes de la gente pobre, de obreros y campesinos que han dado su vida por el desarrollo de esta nación.
Señaló que a más de cinco décadas de la muerte de su padre, su familia ha sabido responder al legado que Rivera les dejó.
Indicó que cada uno de los miembros de la familia Rivera, han colaborado en el arte y la cultura.
"Hemos sabido corresponder a la imagen de mi padre. Ninguno de nosotros ha lesionado, ni en pensamiento y ni en acción su memoria", dijo.
"Correspondimos a lo que él hubiera querido que hiciéramos: ser mexicanos de raíz y que nunca dejaríamos esta tierra por ir a servir a gobiernos extranjeros", expresó.
Sostuvo que en algunos países que ha visitado, el nombre de Diego Rivera, es símbolo de transcendencia.
"Es símbolo de México, de arte completo y cabal, de un hombre que nunca traicionó a su ideología, un símbolo de lo que ahora la humanidad necesita: un respeto hacia los pueblos de la tierra", destacó.
Tras la ceremonia, guardaron un minuto de silencio, y familiares y amigos montaron enseguida las respectivas guardias de honor.
Considerado una de las figuras claves de la plástica mexicana del siglo XX, Diego Rivera nació el 8 de diciembre de 1886 en Guanajuato.
Su arte constituyó uno de los pilares sobre los que habría de asentarse uno de los más pujantes movimientos de la pintura americana: el muralismo mexicano.
Desde finales de la década de 1930 se dedicó a la pintura paisajística y de retratos. Desarrolló en sus últimas pinturas un estilo indigenista y social de gran atractivo popular.
Su más ambicioso y gigantesco proyecto, un mural épico sobre la historia de México para el Palacio Nacional, quedó inconcluso a su muerte, ocurrida en la Ciudad de México el 24 de noviembre de 1957.
cvtp