Liguilla fría, estilo Ferretti. De roscas en las cabeceras, afición
tibia y Goyas contados. De un estadio que ni siquiera se llenó. Cruz
Azul y Pumas chocaron en el Azul, a la vieja usanza felina, al menos la
que utilizan para echar a los celestes de la fiesta. Sí, como en 2002 y
2004, con empate en la ida a cero, para luego en CU, eliminarlos por
idéntico 3-2. Ayer con todo y Lozano, Beltrán y Torrado, ex auriazules
de su lado, los celestes no pudieron sacudirse la mitad de la costumbre
universitaria para eliminarlos.
Cruz Azul ahoga cuando ataca. Crispa los cabellos de Ferretti y
acalambra los intentos de despeje de Marco Palacios y Efraín Velarde.
Sabah se convierte en el íntimo de los postes y Villaluz sólo asusta
con su disparo. Es el mejor azul de la primera parte. El que toca
rápido, el del insistente Zeballos, el de un Lugo que desborda, el de
siempre ante Pumas en Liguilla, sin goles en la ida.
A Pumas le robaron la media cancha y aún así sobrevive. Despeja como
puede balones que llueven al área, Cruz Azul quiere un penalti sobre
Sabah, sobre Villaluz, el árbitro dice “nada”. Universidad aguanta y
respira, mientras desde la banca, el bigote que los dirige hace sudar
su hígado. Enfrente, Galindo mueve las manos con los dedos levantados y
los gira, en la cancha nadie se hace daño.
El curso se altera en el área cementera. Un balón en el aire y una
tijera descompuesta de Fernando Espinosa. Gol, de no ser por el lance
oportuno de Yosgart Gutiérrez, quien al fin se desentume.
La Máquina hila e hila en busca de la jugada maestra. La que rompa
con una jetatura de tres Liguillas entre 1998, 2002 y 2004 cayendo ante
Pumas. La que rompa con la costumbre felina de las últimas dos, de
empate sin daño en la ida y 3-2 auriazul en la vuelta.
Pero ni en el complemento funciona el giro en los pases de Torrado,
o el parado al estilo Cristiano Ronaldo para los tiros libres de Jaime
Lozano, si acaso son efectivos los cruces de Beltrán, todos ex pumas,
Lozano y Beltrán con la onza de haber ganado a Cruz Azul en los tres
antecedentes de ambos conjuntos en la llamada fiesta grande del futbol
mexicano.
Los dueños del cemento intentan más con los ingresos de Vigneri y
Vela, mientras Ferretti hace lo propio con Morales y la vuelta del
engrane que hace girar el balón universitario: Leandro Augusto.
Aún así, el peligro más grande para los universitarios sigue estando
de su lado, está marcado con el número 3, es El Pikolín Palacios quien
se atraviesa en el camino del portero Sergio Bernal y asusta con echar
al canal el trabajo del cancerbero, quien una jugada después, vuelve a
salvar a quemarropa el gol cantado que Zeballos empalmó.
Pumas está atrapado. Si acaso tiene amagos de contragolpe. El cero
les vale el avance, como cualquier empate, o como la estrategia típica
para eliminar a los celestes, aunque Dante López está a punto de
facilitarlo.
Al final, nada, Vigneri se la pierde. Ventaja por reglamento para
los Pumas, con el empate avanzan, por lo demás, sólo un arranque de
Liguilla fría, estilo Ferretti. De roscas en las cabeceras y Goyas
contados, en un estadio de la colonia Nochebuena, que ni siquiera llegó
al lleno.