Aún se venden los últimos boletos de reventa... de a 500 lempiras (25 dólares) los de 300. Quedan unos cuantos. Ya son reventa de la reventa, porque quienes los ofertan los adquirieron antes a 400 lempiras (20 dólares). Pero como aquí todo eso se vale, algunos optan por sacarle jugo a su inversión y recuperar dinerito para su gasto.
La cancha del estadio Olímpico Metropolitano está cubierta por una gran lona blanca, la cual protege al césped del intenso chipi-chipi que se hace sentir desde horas antes del encuentro Honduras-México.
Bailes regionales o exóticas danzas de porristas con vestimenta naranja, amenizan el evento.
Un individuo, con máscara de calaca, lleva un letrero de cartón con la leyenda "Faitelson, no te queremos", aunque después acepta las disculpas ofrecidas por el comentarista televisivo. "Aún así les vamos a ganar 3-0", pronostica el enmascarado, militante de una de las porras locales.
La porra mexicana aparece en uno de los costados de la tribuna. Es pequeña. Se trata de gente procedente de distintos destinos del país. Los más vienen de la Unión Americana. "Yo vengo de Los Ángeles, soy comerciante", dice uno de ellos, mientras presume una larga barba y corte al estilo "Perro Bermúdez".
"Somos mejores, tenemos que ser optimistas", dice entusiasta.
Otros vienen de Tuxtla Gutiérrez. "Nos venimos a la aventura, a ver qué pasa; pero miren, aquí todo es fiesta, no nos han agredido ni nada, es gente pacífica la hondureña", estiman, previo a la celebración del encuentro.
Las revisiones se producen en las puertas de acceso al inmueble. No son tan minuciosas como se pretendía. No sería posible...
Aplaudidores, capas con los colores hondureños. Todo mundo viste aquí de azul y blanco. La esperanza es grande...
Es el inicio de la fiesta, donde alrededor de las 17:15 horas ya es casi de noche y el estadio luce prácticamente lleno, con pocos huecos en la parte baja de las cabeceras. Y en ese momento se anuncia el arribo del equipo hondureño, suceso que arranca aplausos del respetable.
gdh