LA BANCARROTA YA NO ES COMO ANTES
Jonathan D. Glater
"The New York Times"
Aunque
es algo duro, una declaración de bancarrota siempre ofreció un
resquicio de esperanza para una empresa acosada por la deuda o por un
declive económico. La compañía podía adelgazar, negociar pagos
manejables con trabajadores y proveedores y seguir funcionando,
preservando empleos.
Pero
la crisis de crédito ha transformado ese sueño. Más compañías que
solicitan la protección de la ley de quiebras están siendo obligadas a
cerrar porque no pueden obtener el financiamiento suficiente para
seguir operando mientras se reorganizan.
Linens'n
Things, en bancarrota desde mayo, esté en proceso de liquidación ahora
que sus acreedores se han negado a extender más crédito. Otra cadena de
tiendas, Mervyn's, anunció también su liquidación, y varios analistas
estiman que lo mismo sucederá con la tienda de electrónicos, Circuit
City, que solicitó la protección contra quiebras la semana pasada. En
Wall Street, Lehman Brothers está siendo liquidada en lo que representa
la bancarrota más grande de la historia.
Así,
compañías que luchan por sobrevivir han perdido otro salvavidas. Aunque
en otro momento podrían haberse reunido con sus acreedores y elaborado
un plan en aras del interés común, ahora buscan evitar a como dé lugar
el tribunal de bancarrotas porque saben que sin un acceso rápido al
crédito, las probabilidades de sobrevivir al proceso legal son pocas.
¿Alguien
se pregunta por qué las compañías que enfrentan problemas severos
--General Motors, por ejemplo-- están renuentes a realizar esta apuesta?
Y
si el proceso de bancarrota no ofrece una ruta hacia la reorganización,
muchos de los empleos de las empresas en apremios podrían desaparecer
para siempre, lo que sugiere que el declive económico podría ser
incluso más duradero y doloroso.
"Esto
simplemente amplifica la espiral recesiva", indicó Stephen F. Cooper,
experto en restructuraciones que asesora a firmas que buscan no caer en
bancarrota. "Ciertamente tendrá un impacto en el panorama del empleo y
en el gasto de consumo".
Se
supone que la protección por quiebra debe brindar un respiro a la
compañía, impidiendo a sus acreedores intentar recuperar las deudas
mientras especialistas, abogados y gerentes tratan de determinar cómo
volver a la rentabilidad. En el tribunal, la compañía en quiebra puede
renegociar el pago de los créditos y sus condiciones, así como
modificar otros contratos, todo bajo la mirada vigilante de un juez.
"Muchas
compañías que se acogen al Capítulo 11 (ley de quiebras) se balancean
entre seguir con su reorganización o cerrar porque no encuentran fondos
adicionales", indicó Mark D. Collins, abogado de Richards, Layton &
Finger, que representa a Linens'n en su proceso de bancarrota.
En
depresiones pasadas menos severas, indicó Collins, muchas compañías
enfrentaban el relativamente simple problema de deber demasiado dinero.
Prestamistas, prestatarios y la administración de la empresa podían
diseñar un plan digerible, luego solicitar protección contra quiebras y
usar el procedimiento legal para reducir la deuda de la firma. Esto se
conoce como quiebra "preempaquetada".
"Pero
esto realmente no funciona cuando la situación es mucho más difícil,
cuando es una industria con muchos retos o cuando la compañías necesita
una restructuración muy amplia, más allá de sus estados financieros,
como eliminar o vender líneas de negocio no rentables", agregó.
(*) Jonathan D. Glater / Traducción: Gregorio Narváez).