El
derrumbe de uno o más de los Tres Grandes fabricantes de autos de
Detroit provocaría un perjuicio inicial enorme sobre la industria
manufacturera estadounidense, pero con el tiempo las automotrices
extranjeras compensarían la situación aumentando la producción de sus
plantas en Estados Unidos, indicaron expertos y economistas.
La
pregunta de si Washington debe permitir que esto suceda --arriesgando
cientos de miles de trabajos estadounidenses-- es un asunto central que
el Congreso analizará esta semana al escuchar testimonios de
representantes de Detroit que pugnan por una intervención federal
inmediata, antes de que la nueva administración asuma el cargo en enero.
"Barack
Obama ha dejado en claro que entiende la importancia de la industria.
La pregunta es, ¿podemos esperar tanto?", indicó en una entrevista el
titular del sindicato de Trabajadores Automotrices Unidos, Ron
Gettelfinger, al plantear la posibilidad de una quiebra de General
Motors. "En esta coyuntura, estamos en una crisis que podría tener un
efecto negativo importante sobre este país".
Pero
muchos expertos de la industria señalan que los grandes fabricantes
extranjeros están lo suficientemente establecidos para tomar el control
de la industria y su vasta red de proveedores más rápidamente de lo que
por lo general se piensa.
"Se
tendría una industria automotriz en Estados Unidos más parecida a las
de México y Canadá: de propiedad extranjera", indicó Sean McAlinden,
economista en jefe del Centro de Investigaciones Automotrices en Ann
Arbor, Michigan, que se describe a sí misma como una organización no
lucrativa con amplias relaciones con las partes involucradas en la
industria.
La
transición hacia ese nuevo balance ciertamente sería dolorosa. Las
grandes automotrices estadounidenses emplean a 240 mil personas y sus
proveedores a 2.3 millones más, equivalentes a casi 2% de la fuerza
laboral del país.
El
derrumbe total de GM eliminaría la principal fuente de empleos de la
industria y más de 100 mil empleos manufactureros. Es aproximadamente
la misma cifra de trabajos que se han perdido ya este año entre las
automotrices y sus proveedores.
Asimismo,
el colapso probablemente devastaría a algunos proveedores; como muchos
de ellos suministran productos a otros fabricantes --nacionales y
extranjeros--, la producción de autos se fracturaría hasta que el
sistema de abasto se reorganizara en torno de los nuevos actores
dominantes de la industria, las firmas extranjeras.
"Los
transplantes (firmas extranjeras), privados de suficientes proveedores,
tendrían que echar mano de los vehículos importados mientras se
esfuerzan por reorganizar el sistema de abasto", indicó McAlinden en
alusión a las compañías extranjeras con plantas de manufactura en
Estados Unidos. "Eso les tomaría alrededor de un año".
Considerando
la debilidad de Chrysler, los nuevos reyes de la industria automotriz
serían presumiblemente Toyota, Honda, Nissan, Volkswagen, Ford,
Mercedes-Benz, BMW y Hyundai-Kia. (Volkswagen aún no abre una planta en
Estados Unidos, mientras que BMW y Hyundai tienen una cada uno).
Pero si el declive es prolongado, podría ser demasiado tarde.
En
una industria con capacidad de producción de 17 millones de unidades
anuales, las ventas han caído a apenas 10 millones de vehículos
fabricados nacionalmente.
Expertos
consideran que ninguno de los Tres Grandes y quizá ni siquiera las
extranjeras pueden ser rentables con 10 millones de unidades vendidas.
"Los transplantes están bien con 12 millones, y los Tres Grandes con 15
millones o algo así", dijeron.
Desde
enero han desaparecido 100 mil empleos de las automotrices y sus
proveedores, y la pérdida de muchos más sería devastadora en varias
partes del país. Otras compañías absorberían a los trabajadores con el
tiempo. Mientras las compañías extranjeras incrementan su producción
para sustituir lo que se perdería con el derrumbe de una empresa
estadounidense, los "transplantes" aumentarían su fuerza de trabajo
actual de 78 mil empleados, sustituyendo muchas de las plazas perdidas,
aunque con menores salarios y beneficios y en fábricas sin sindicatos.
(*) Louis Uchitelle / Traducción: Gregorio Narváez).