No está claro cuánto esperan lograr los líderes de los países que se reunirán para analizar una crisis financiera que cambia rápidamente con un mandatario de Estados Unidos próximo a salir.Pero la cumbre de este fin de semana del Grupo de los 20 sí podría aclarar una cosa: cuán dramáticamente la crisis está redibujando el mapa económico, haciendo obsoleto al grupo de potencias occidentales que dieron forma a los pilares financieros del mundo de la posguerra en la conferencia de Bretton Woods en 1944.
Aunque el presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, propuso la reunión, y el presidente Bush aceptó ser el anfitrión, la nación más buscada en el encuentro que algunos han denominado Bretton Woods II podría resultar ser China.Con cerca de 2 billones en reservas de moneda extranjera y una economía que sigue creciendo, aunque más lentamente que antes de la crisis, China es uno de los pocos participantes con la fuerza financiera para ayudar a países en problemas, ya sea directamente o llenando los cofres del Fondo Monetario Internacional a fin de que pueda hacer más préstamos de emergencia.Lo mismo es cierto en el caso de Arabia Saudita, el único productor petrolero del Pérsico que asiste a la reunión.
El primer ministro británico Gordon Brown ha solicitado ya recursos al acaudalado reino para fortalecer al FMI. El Grupo de los 7 consta básicamente de los principales países industriales del siglo 20, indicó Zbigniew Brzezinski, asesor de seguridad nacional con el presidente Jimmy Carter. "Pero necesitamos algo más que unos cuantos jugadores clave en estas reuniones. Debe involucrarse a otros participantes".Algunos de estos otros participantes --que van de Argentina a Australia-- han sido golpeados fuertemente por la crisis que inició en Estados Unidos y se extendió a Europa.
Muchos han sufrido una crisis de crédito al tiempo que inversionistas occidentales han retirado capital de los mercados emergentes para cubrir pérdidas en casa.Qué demandas harán estos países en Washington es una de las grandes interrogantes de la cumbre.La decisión de ampliar la lista de invitados fue tomada por Bush, en reconocimiento, según sus asesores, de que la crisis se había convertido en un fenómeno global que demandaba respuestas globales.No obstante, siendo Estados Unidos el epicentro y, para muchos de los asistentes, la causa de la crisis, el cambio en el equilibrio del poder se ha acentuado aún más.
El presidente electo Barack Obama será una notable ausencia, al optar por enviar emisarios para reunirse con líderes extranjeros, pero sin adoptar posiciones respecto de la propuesta de establecer nuevas regulaciones a los mercados financieros internacionales.La administración Bush está restando importancia a las posibilidades de lograr resultados importantes en la cumbre, en parte porque se opone a los esfuerzos de algunos europeos de crear una serie de regulaciones nuevas, y en parte porque no quiere comprometer a Obama con medidas que no respalda. Bush, pronostican algunos analistas, podría terminar siendo un simple espectador en su propia reunión.