La tensión y división en Nicaragua llegó a niveles que no se producían desde 1990 tras los comicios municipales celebrados el pasado domingo, que la oposición tachó de fraude electoral, destacó hoy el diario español El País.
La sociedad se dividió entre simpatizantes del gubernamental Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), del presidente Daniel Ortega, y de la alianza opositora en torno al Partido Liberal Constitucionalista (PLC).
El rotativo español señaló que ambos bandos defienden su triunfo frente a las urnas con armas, ya sean piedras, garrotes, machetes o balas.
La oposición ha exigido un nuevo recuento de los votos en todo el país, y no sólo en Managua, como concedió el Consejo Supremo Electoral (CSE).
El País resaltó que la tensión en Managua es evidente, y la Policía Nacional envió brigadas antidisturbios a custodiar los principales medios de comunicación críticos con el gobierno, pues corrió el rumor de que grupos cercanos al FSLN podrían asaltar las sedes.
Indicó que tampoco los medios afines al gobierno parecen estar a salvo después de que la víspera el periodista de la Nueva Radio Ya, Nicolás Berríos, fuera golpeado, herido de navaja, y amenazado con llegar a cortarle la lengua si mantenía sus informaciones.
La violencia se desató el pasado lunes, tras publicarse los primeros resultados de las elecciones, que daban la victoria al FSLN en 99 de los 146 municipios.
El Ejecutivo, que hasta el momento no se había pronunciado, denunció anoche ante la Organización de Estados Americanos (OEA) un "plan de desestabilización" de organismos internacionales, oposición, Estados Unidos y la propia OEA, concluyó.
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