Justo cuando una crisis de confianza podría estar llegando a su fin, otra podría estar comenzando.
El
pánico en Wall Street ha disminuido en las últimas semanas, y los
bancos se muestran un poco más dispuestos a conceder préstamos. Pero en
esas mismas semanas, los hogares estadounidenses al parecer se han
puesto a la defensiva.
Repentinamente,
nuestra sociedad de consumo está consumiendo mucho menos. Los números
son bastante increíbles. Las ventas de vehículos nuevos disminuyeron
32% en el tercer trimestre. Parece probable que el gasto de consumo
descienda el próximo año por primera vez desde 1980, y quizá por el
monto más amplio desde 1942.
Con
Wall Street alejándose del precipicio, esta crisis de confianza del
consumidor se ha convertido en el problema de corto plazo No. 1 de la
economía. Nadie duda que las familias deben empezar a ahorrar más de lo
que ahorraron en las últimas dos décadas. Pero si cambian su
comportamiento demasiado rápido, podría resultar muy doloroso.
La
tienda de electrónicos Circuit City se ha declarado ya en bancarrota, y
General Motors ha señalado que está en peligro de quedarse sin dinero.
Si el declive del consumo continúa, existe el peligro de que surja un
círculo vicioso en el que los recortes al consumo y los despidos se
refuercen entre sí.
"Son
momentos de miedo", indicó Liz Allen, de 29 años y estudiante de
enfermería en Atlanta, entrevistada por uno de los reporteros del Times
que recorrieron el país el fin de semana pasado para recoger la opinión
de la gente sobre el estado de la economía. "La preocupación puede
hacer que la economía empeore. Si la gente se preocupa mucho, no
gastará tanto dinero. Creo que ya está sucediendo eso".
No
está claro qué puede hacer alguien, incluyendo Barack Obama y su
próxima administración, para atemperar las actuales preocupaciones.
Obama ha demandado un paquete de estímulos que compensaría parte del
retroceso en el consumo. El y sus asesores también tratarán de
fortalecer la confianza proyectando una tranquila competencia y la
disposición a ser más agresivos que el gobierno de Bush. Todo eso debe
ser de ayuda.
Pero
el paquete de estímulos que se discute no contemplaría más de 150 mil
millones de dólares en nuevo gasto gubernamental. La diferencia entre
un buen año de gasto de consumo y uno realmente malo es de alrededor de
400 mil mdd.
Así
que 2009 podría resultar bastante miserable. El consumidor
estadounidense, desde hace tiempo el motor de gasto de último recurso
de la economía global, podría finalmente estar extenuado.
Sé
que se han escuchado estas advertencia antes. Por años, periodistas y
otros agoreros han pronosticado un declive severo en el gasto de
consumo, sin que se haya concretado. "Nunca subestimen al consumidor
estadounidense", señala un cliché de Wall Street.
Pero
como Joshua Shapiro, de MFR, una firma de investigaciones económicas de
Nueva York, lo ha señalado, el consumidor estadounidense ha pasado
rápidamente de ser la mayor fortaleza de la economía mundial a ser su
talón de Aquiles. "Todo ha cambiado", afirma. "El sector financiero
está desapalancando; la disponibilidad de crédito está gravemente
constreñida; los precios de los activos han descendido, y las finanzas
domésticas sufren graves presiones".
Sería
ingenuo insistir en que unos cuantos meses terribles podrían
representar el fin de la cultura del consumo estadounidense. Pero sería
igualmente ingenuo suponer que esa cultura nunca podría cambiar. Podría
estar cambiando justo ahora.
(*) Por David Leonhardt / Traducción: Gregorio Narváez).