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Con un toque, Beatriz, una bella y joven mujer destruye todo, incluso hasta al amor de su vida.
Es la ponzoña que emana de los extraños frutos de un árbol la que la mantienen fuerte y rozagante.
En un enigmático jardín, su padre, el doctor Rapaccini, ha cultivado y creado una serie de plantas que sólo producen diferentes tipos de veneno.
Un mensajero con largas uñas y cabeza de monstruo narra la historia de La hija de Rappuccini; el drama de Beatriz y su amor inconcluso con Juan, un aspirante a estudiante de leyes que llega a Padua, procedente de Nápoles.
Esta obra es la única pieza teatral que escribió el premio Nobel Octavio Paz y que esta tarde se presentó como parte del programa del Festival Internacional Cervantino (FIC) en el Teatro Principal.
Esta pieza la escribió Paz en 1956 -en el segundo programa de Poesía en Voz Alta-inspirado por sus viajes a oriente y basado en un relato de Nathanniel Howthorne, con un vestuario de Leonora Carrington y con la dirección de Héctor Mendoza.
A una década del fallecimiento del Premio Nobel, la Coordinación Nacional de Teatro retoma esta historia de amor, veneno y muerte.
Bajo la dirección de Antonio Castro, y con una escenografía sencilla que recrea el jardín de Rapaccini con tres grandes esferas de metal, Juan trata de alejar a Beatriz de ese lugar que sólo la ha aislado del mundo.
"Estamos hechos de sol... El mundo empieza en ti y acaba en ti... Mi mundo en este jardín", le dice una amorosa Beatriz.
Estos amantes viven su amor sin tocarse, ya que un roce le produce a Juan manchas rojas y un intenso dolor.
Con ayuda de un amigo de su padre, Juan la convence que tome un antídoto que sólo la postra a los pies de ese árbol que destila ponzoña.
Con esta obra, Octavio Paz fue galardonado con el Premio Xavier Villaurrutia.
fml