El sorpresivo giro del Departamento del Tesoro en torno
de la compra de acciones de los bancos, que se ha convertido ahora en
su estrategia primaria, ha despertado dudas respecto de si la profunda
aversión del gobierno a la propiedad estatal de compañías privadas
enturbió su capacidad para examinar todas las opciones para estabilizar
los mercados.
También ha despertado dudas acerca de si la administración perdió
tiempo valioso al tratar de vender al Congreso un plan que los
funcionarios no habían analizado a fondo con anticipación.
Algunos expertos sostienen asimismo que la decisión del Tesoro el mes
pasado de no utilizar dinero de los contribuyentes para salvar a Lehman
Brothers empeoró el pánico que rápidamente hizo metástasis hasta
convertirse en una crisis internacional.
El nuevo enfoque de la administración fue anunciado la noche del
viernes como parte de un plan de rescate coordinado con seis de las
naciones más ricas del mundo. Se presentó en una semana en la que el
promedio industrial Dow Jones se hundió 18%, en una de las peores
semanas en la historia del mercado de valores.
Aunque el Departamento del Tesoro indicó que sigue en sus planes la
compra de activos incobrables, la dimensión que tendrá ese programa es
ahora incierta. El secretario del Tesoro, Henry M. Paulson Jr., ha
rechazado informar si el programa de inyección de capital a los bancos
será más grande que el plan original de compra de activos en problemas.
No obstante, el Tesoro ha instruido a Fannie Mae y Freddie Mac, las
gigantes hipotecarias controladas por el gobierno, a acelerar sus
compras de bonos respaldados por hipotecas en problemas, en lo que
podría ser un proceso más rápido y menos formal que las subastas
propuestas inicialmente por el departamento.
Algunos expertos consideran que el retraso en la ejecución del plan de
rescate de 700 mil millones de dólares de la administración sólo ha
lastimado sus posibilidades de éxito.
"Incluso si antes fue adecuado, ahora ya no lo es", señaló Frederic
Mishkin, profesor de economía de la escuela de negocios de la
Universidad de Columbia, que renunció como gobernador de la Reserva
Federal a finales de agosto. "Si retrasas y generas incertidumbre, el
monto de dinero que debes aportar se eleva".
Todavía en septiembre, la idea de que el gobierno adquiriera parte del
sistema bancario era impensable para la administración. Para muchos
funcionarios, era una intrusión estilo gobierno europeo en los mercados.
Paulson dijo a legisladores el 23 de septiembre que era mejor impulsar
los congelados mercados de crédito con "medidas de mercado", con lo que
quería decir comprar activos y no instituciones. Se opuso férreamente a
la propuesta demócrata de que el gobierno recibiera una participación
accionaria en las compañías que ayudara.
Pero el viernes, Paulson convirtió la idea en la estrategia central del
gobierno. "Podemos usar el dinero de los contribuyentes de manera más
efectiva y eficiente, obtener más por ese dinero, si desarrollamos un
programa estandarizado para comprar acciones en las instituciones
financieras", dijo a los reporteros.
Funcionarios del Tesoro indicaron que esperaban realizar las primeras
inyecciones de capital a los bancos en las próximas dos semanas. Esto
sería antes de cualquier compra gubernamental de títulos respaldados
por hipotecas incobrables.
Una de las razones de la rápida rectificación de Paulson fue que los
mercados financieros globales cayeron más rápido que nunca antes. Los
mercados de crédito prácticamente dejaron de funcionar, haciendo
imposible para la mayoría de las compañías obtener recursos más que en
créditos con vencimiento a 24 horas. Las acciones bancarias se
desplomaron, haciendo mucho más difícil apuntalar sus balances
generales reuniendo más capital de los inversionistas.
Los inversionistas entraron en pánico cuando la cámara baja rechazó el
proyecto de rescate el 29 de septiembre, pero el pánico fue aun mayor
cuando el plan fue finalmente aprobado, el 3 de octubre, con
"endulzantes" que elevaban su costo unos 110 mil mdd.
Un creciente número de analistas considera que el plan original era
inútil y probablemente impracticable. La propuesta era únicamente de
tres páginas, y funcionarios del Tesoro aún tienen que ofrecer detalles
de cómo funcionarían las subastas de los títulos.
Fuentes informadas de los primeros planes para un rescate sistémico
indicaron que el presidente de la Reserva Federal, Ben S. Bernanke,
argumentó que sería más fácil inyectar capital directamente a los
bancos. No obstante, funcionarios del Tesoro rechazaron inicialmente la
idea, en parte por su oposición ideológica al involucramiento directo
del gobierno en las empresas.
Pero al tiempo que los mercados financieros agudizaron su desplome en
los últimos 10 días, un creciente número de instituciones de alto
nivel, incluyendo Goldman Sachs y Morgan Stanley, empezaron a
preocuparse por su propia supervivencia.
"La crisis de confianza va mucho más allá de las pérdidas reales que se
puedan sufrir por los títulos de deuda", indicó Mickey Levy, economista
en jefe de Bank of America. "Corresponde realmente a las autoridades
atender esa crisis".
(*) Edmund L. Andrews y Mark Landler / Traducción: Gregorio Narváez).