La Reserva Federal y el Congreso destinarán cerca de un billón de dólares para reparar el sistema financiero de Estados Unidos y alentar el crédito. Sin embargo, eso no es suficiente para revivir la economía, pues haría falta una reanudación del gasto.
Sin embargo, los consumidores han recortado drásticamente su gasto, en lo que será la primera reducción trimestral en este rubro en 17 años, como lo mostrarán las estadísticas del gobierno para el tercer trimestre.
Las empresas, en respuesta, están reduciendo su gasto en equipo, abasto y personal. Y ahora decenas de gobiernos estatales y de ciudades, ante la caída de sus ingresos tributarios, realizan una nueva ronda de recortes al gasto.
Para compensar esta disminución, y combatir una recesión severa, el liderazgo demócrata en el Congreso esta "considerando seriamente" una importante propuesta de estímulos fiscales que destinaría una cantidad significativa de dinero a gobiernos de estados y ciudades.
"Tenemos que impulsar el consumo", indicó en una entrevista el representante demócrata Barney Frank, presidente del Comité de Servicios Financieros de la cámara baja, quien reveló algunos de los detalles que están siendo analizados por la dirigencia del partido.
La nueva propuesta sería mucho más grande que el paquete de estímulos de 60 mil millones de dólares aprobado por la cámara baja a finales de septiembre, explicó Frank. El Senado no ha abordado el proyecto.
Al Congreso, ahora en receso, se le pediría reunirse después de la elección de noviembre para atender la propuesta.
Esta nueva iniciativa sería más diversa que el plan de estímulos que el Congreso aprobó a principios de este año y fue promulgada por el presidente. Ese paquete, con un costo de 107 mil mdd, benefició principalmente a familias de ingresos bajos y moderados, lo cual ayudó a compensar a los consumidores ante los aumentos de la gasolina.
Empero, una suma desconocida fue usada para pagar deudas o comprar importaciones, nada de lo cual estimula la producción nacional.
La propuesta demócrata brindaría alguna forma de alivio fiscal a las familias y extendería los beneficios de desempleo y las estampillas de comida más allá del periodo actual de 39 semanas. Pero la porción más grande, quizá de 150 mil mdd, se destinaría a los estados y ciudades para sufragar sus gastos diarios.
La lógica de otro paquete de estímulos, en particular uno que ayude a estados y ciudades, es evidente para muchos economistas. Los casi un billón de dólares que el Congreso y la Fed están poniendo a disposición del sistema financiero buscan aumentar la disponibilidad de crédito. Esto impulsa el lado de la oferta.
Pero para lograr que la economía crezca, o deje de contraerse, se requiere de la demanda. Consumidores, empresas y gobiernos necesitan confianza para gastar sus propios ingresos u obtener crédito de un sistema financiero reparado. En el caso de estados y ciudades cuyos ingresos se reducen, un mayor subsidio federal disminuiría la necesidad de recortar más empleos y servicios para equilibrar sus presupuestos.
"Esta es la lógica de entregar dinero a los estados y ciudades", señaló Alan S. Blinder, economista de la Universidad de Princeton que trabajó en la administración Clinton y también fue vicepresidente del Consejo de la Reserva Federal. "Decidir no recortar el gasto es el equivalente funcional a gastar más. Cualquiera produce más gasto del que se registraría de otra forma". (Traducción: Gregorio Narváez).
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