Cuando la Casa Blanca presentó su plan de rescate de 700 mil millones de dólares hace dos semanas, la intención era que su solo tamaño tranquilizara el sistema financiero mundial y restableciera la confianza y la certidumbre. Tres días después de que fue aprobado, el plan parece ser un guijarro arrojado a un mar revuelto.
La crisis que comenzó como un problema de préstamos hipotecarios de alto riesgo hechos en Estados Unidos, resonó en todo el mundo y está regresando a su lugar de origen, donde el lunes azotó a los mercados de valores y de crédito.
Aunque el plan de rescate de la administración Bush ofrece ayuda a bancos extranjeros, al parecer ha hecho poco para calmar a los inversionistas, particularmente en Europa, donde los bancos se están desmoronando y los gobiernos se apresuran a impedir los retiros masivos de depósitos luego de haber restado importancia a la crisis.
Lejos de ser la cura de los males del mundo, indicaron economistas, el plan de rescate podría terminar siendo una medida provisional y exclusivamente para Estados Unidos. Debido a que Europa muestra pocos indicios de estar desarrollando una respuesta coordinada a la crisis, hay muy pocas cosas en el horizonte para sosegar a los nerviosos inversionistas.
La vertiginosa caída de las bolsas de valores el lunes en ambos lados del Atlántico reflejó no sólo esos temores, indicaron expertos, sino una creencia cada vez más fuerte de que la crisis podría empujar al mundo a una recesión global.
De hecho, las reverberaciones de la crisis en Europa y Estados Unidos se amplificaron al propagarse a las bolsas de Rusia, Brasil, Indonesia y Medio Oriente.
Estos países tuvieron poco que ver con la crisis de las hipotecas de alto riesgo, pero son vulnerables a un paro repentino del flujo de dinero. Y carecen de la cooperación nacional o regional que protege a Europa y Estados Unidos. Las bolsas de economías emergentes registraron su peor pérdida de un día en 21 años el lunes; Rusia y Brasil detuvieron las operaciones para apaciguar el pánico de los inversionistas.
"Se ve bastante feo el camino adelante", indicó Simon Johnson, economista del Insituto Tecnológico de Massachusetts y ex economista en jefe del Fondo Monetario Internacional especializado en crisis financieras. "Todo mundo se va a ver atrapado en esto".
La naturaleza global de la crisis y su creciente daño colateral, agregó Johnson, deben de convencer a los países de actuar juntos para delinear una respuesta concertada. Existe una posibilidad de hacerlo esta semana, cuando decenas de ministros de Finanzas y banqueros centrales se reunirán en Washington para las reuniones anuales del FMI y el Banco Mundial.
El problema es que estas instituciones ya no tienen los recursos ni la autoridad para encabezar un esfuerzo de esta naturaleza. El FMI, que jugó un papel central en las crisis asiática y latinoamericana, ha sido relegado últimamente y sólo se ha dedicado a emitir solitarias advertencias sobre el impacto de la situación en los países en desarrollo.
El Grupo de los 7, que alguna vez funcionó como una especie de centro de comando de la economía global, se encuentra de igual forma agotado, según sus críticos. Ha dejado de representar a los principales motores de la economía mundial, dicen, y necesita con urgencia ser expandido para incluir a poderes en ascenso como China e India.
"La globalización de la crisis implica que necesitamos una globalización de las respuestas", señaló Fred Bergsten, director del Instituto de Economía Internacional Peterson. "Pero la mayoría de las respuestas serán nacionales. Pese a todas las instituciones que tenemos, no tenemos a las instituciones adecuadas para hacer esto".
Según expertos, el riesgo más inmediato lo representan países de Europa Central, como Bulgaria y Estonia, que sufren agudos déficits comerciales y son vulnerables a una salida repentina de capital externo. Islandia podría ser la primera víctima nacional de la crisis.
Pero los problemas podrían propagarse a mercados emergentes más grandes e incluso China, que tiene un firme superávit en cuenta corriente y reservas de moneda extranjera masivas. No obstante, "¿a dónde va a vender China sus exportaciones?", señaló Johnson, el profesor del MIT. "Todos van a la recesión al mismo tiempo", agregó. (Traducción: Gregorio Narváez).
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