En cuanto a niños de seis u ocho años y a sus padres, la psicóloga reconoció que se les brinda apoyo psicológico y se sigue de cerca su evolución. "A esa edad hay que descartar patologías distintas, y comprobar si lo que han mezclado son los géneros al jugar o relacionarse, como jugar con el balón cuando eres niña o con muñecas cuando eres niño", refirió.
Sin embargo cuando el deseo de cambiar se mantiene, entre los 14 y 16 años, podemos optar por administrar unas hormonas reversibles. "Tenemos 80 en esta fase y ninguno se ha arrepentido", reconoció.
Este protocolo clínico consiste en paralizar la aparición de los caracteres sexuales secundarios para darles tiempo a madurar sus sentimientos acerca de habitar en cuerpo ajeno. A ellos no les cambiará el registro de voz a tonos graves ni tampoco les saldrá barba. Ellas no tendrán la regla ni desarrollarán senos. Los chequeos son continuos, tanto desde el punto de vista psicológico como físico. Si cambian de opinión, se detienen las hormonas y todo vuelve a su lugar, pero si persisten, pasan a un tratamiento definitivo, entre los 18 y 19 años, con testosterona para las chicas y estrógenos para los chicos. La fase final, alrededor de los 20 años, es la cirugía.
Por su parte, la endocrinóloga Isabel Esteva de Antonio, del Hospital Universitario Carlos Haya, de Málaga en España, ha tratado desde 1999 alrededor de 770 personas. De éstas, 60 tenían entre 14 y 18 años y menores de 14 años había cuatro. Al rededor de 20 por ciento de estos adolescentes evoluciona hacia la transexualidad.
"El entorno hace mucho para los jóvenes, si la familia y la escuela apoyan, saldrán adelante", señaló la endocrinóloga ya que el cambio no es solo la operación, sino el rol de género y social.
La doctora Cohen aseguró que en Holanda, la clínica ha tratado a 350 pacientes. "Tenemos lista de espera y es esencial prepararles para una vida con retos".
En cuanto a la crítica a estos mecanismos, Cohen aseguró que ésta suele venir de otros expertos que no aprueban recetar hormonas en la pubertad y preferirían un tratamiento psíquico, además de los grupos cristianos radicales que preferirían ver cerrado el servicio que respalda el Parlamento holandés.
No es un problema psiquiátrico y por eso el colectivo quiere salir del Catálogo de Enfermedades Mentales, donde figura hoy su condición.
Holanda, Canadá, Suecia, Italia, Estados Unidos, Bélgica, Reino Unido y Alemania cuentan con centros especializados. En España es pionero el de Málaga. También hay unidades en diversas fases de desarrollo en Asturias, Cataluña, Madrid, Valencia y Extremadura.
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