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El orgullo de pasar por el Tutelar para menores


Ciudad de México | Sábado 27 de septiembre de 2008 Mónica Archundia | El Universal00:12

Ha estado en el Consejo Tutelar para Menores y lo dice con orgullo y presunción porque en su barrio y en la escuela de su barrio los chavos como él son respetados y hasta admirados.
Juan tiene 17 años y es repetidor de segundo grado en la Secundaria Técnica número 23, ubicada en la colonia Guerrero, donde una buena parte de los estudiantes ha visitado hasta en tres ocasiones el Consejo Tutelar y acude a los reclusorios a ver a sus familiares.


Con la ceja depilada y el pelo cortado casi a rapa presume ante sus compañeros de clase haber estado "en el obrero mundial segundo dormitorio" un mes por robo.


"Apenas hice un alto", señala envalentonado, al referirse al asalto de un automovilista en un semáforo, del que obtuvo un celular y una cadena de oro.


Las risas con que sus compañeros, festejan sus palabras le estimulan y afirma que al terminar la secundaria irá a la preparatoria (o al Oriente, se mofan los jóvenes al referirse al reclusorio) pero sigue robando porque le gusta sentir la adrenalina.


A la Secundaria donde él estudia asisten 381 adolescentes, 45 de los cuales -más del 10%- son repetidores.


Pero aunque esto representa un problema para las autoridades educativas, la principal preocupación de la directora, María de Lourdes Cornejo Cruz, y los maestros es que la descomposición familiar y el abandono en que se encuentran los chavos los hacen presa fácil de la delincuencia.


Adicciones, rebeldía, falta de respeto a sus padres y profesores, poca comunicación, necesidad de afecto y de atención, carencia de valores como la solidaridad, el respeto y el trabajo, son algunas de las problemáticas que caracterizan a estas generaciones de estudiantes.


"Llegan acostumbrados al barrio, a querer ganar dinero y es difícil conscientizarlos; hablan de la muerte de un amigo que se hizo rico por vender piedra o activo, que andaba en su troca y quieren repetir el modelo" porque además creen que ya se la saben y por ser menores de edad saldrán en unos meses si son detenidos, expresa Alfonso Reyes, prefecto del plantel.


El paso de los estudiantes por el Consejo Tutelar se hace visible a través de su lenguaje y conducta. No sólo se cortan el cabello casi a rapa y se dejan una especie de boina en la parte alta, sino que se dicen orgullosos corregendos, usan el codazo como saludo, piden "el varo" a los chavos, responden a la menor provocación y no permiten el contacto físico fácilmente, ni siquiera de sus maestros.


Se han enfrentado verbalmente a los profesores y a la salida éstos revelan dejar el plantel con estrés y hasta temor porque al cruzar la puerta los estudiantes ya están en sus calles, con su banda, la que distribuye drogas, asalta, usa la violencia y a la que admiran.
Éste es sólo el resultado de la soledad y desatención que enfrentan todos los días los adolescentes, quienes comen en la calle y ahí se desenvuelven mientras sus padres -si los tienen- trabajan, afirman la directora de la escuela y la encargada de Servicios Educativos, Eva López.


"Tenemos un problema de familias desintegradas, niños sin uno de los papás o que son cuidados por la abuelita o que desde bebecitos fueron abandonados y los recogió la vecina...a los jóvenes se les ha detectado consumo de marihuana o solvente".


La queja de la mayoría de los profesores es que los niños son irrespetuosos, no trabajan, no llevan su material a clases ni usan bata, pero la política de la directora es lograr su permanencia a toda costa para evitar que se vayan a la calle.



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