La crisis alimentaria y el consecuente aumento en la demanda de alimentos requieren de soluciones que ofrezcan un mayor rendimiento en los cultivos, sumado a un menor uso de los recursos necesarios para producirlos, como el agua y los productos químicos.
Ante la imposibilidad de aumentar la superficie cultivable, compañías como Monsanto, Syngenta, Du Pont y Bayer buscan esas soluciones en la biotecnología, que ofrece desarrollar semillas resistentes a plagas y factores climáticos, con menores requerimientos de espacio y nutrientes, y de mayor rendimiento.
En esta carrera, Monsanto, el principal productor de semillas genéticamente modificadas en el mundo, presentó en Iowa, durante la Farm Progess Show (feria para el desarrollo agrícola) 2008 tres productos que prometen aumentar las cosechas de maíz y soya, reducir las grasas insaturadas y hacer más eficiente la producción.
Las semillas, obtenidas en laboratorio mediante un proceso de mejoramiento genético, estarán disponibles para su comercialización en unos meses, pero su entrada a México no tiene una fecha definida, pues el gobierno mexicano ni siquiera ha autorizado el inicio de los cultivos experimentales con maíz transgénico.
“La meta de Monsanto, el compromiso que hicimos, es duplicar para 2030 la producción de granos (maíz, soya y algodón) en los países en que se autorice su utilización, porque hay una realidad, el suelo agrícola del cual disponemos en el mundo es el que hay, no hay más, no puede aumentarse”, explicó David Carpinteiro, director de Relaciones con la Industria de Monsanto.
Destacó que la compañía tiene en marcha un programa con pequeños agricultores de maíz en siete mil hectáreas del estado de Chiapas con el que, sólo en un año, se incrementó el rendimiento de los cultivos de entre 1 y 1.5 toneladas por hectárea a seis o siete sin utilizar transgénicos, sino híbridos, es decir, cruces entre especies nativas del grano para obtener semillas mejoradas.
Se requieren marcos regulatorios
Latinoamérica cuentan con el potencial para convertirse en el gran productor mundial de alimentos, porque ni regiones como Asia tienen la capacidad y el desarrollo para atender la demanda alimenticia global, anticipó Kerry Preete, director internacional de Comercio de Monsanto.
Para ello es necesario, sin embargo, que los países de la región desarrollen los marcos regulatorios adecuados para el uso y aplicación de la biotecnología, pues la ausencia de normatividad en países como México complica la utilización de los organismos genéticamente modificados (OGM) o transgénicos.
"En este mundo globalizado si no tenemos las reglas del juego definidas, es muy difícil ofrecer las mejoras que nos brinda la tecnología”, consideró.
Preete explicó que la firma trabaja en dos vertientes para cumplir su compromiso de duplicar la producción de granos y reducir la cantidad de insumos para cultivarlos: por un lado, la mejora vegetal y, por el otro, el desarrollo de semillas mejor protegidas y de alto rendimiento.
Monsanto invierte 10 millones de dólares anuales en investigación y desarrollo en América, 7 de ellos en México.
sc