Está por terminar el primer tercio del gobierno de Felipe Calderón sin que la estrategia seguida contra el narcotráfico y el crimen organizado muestre resultados satisfactorios. ¿Por qué?
La primera razón puede consistir en que el narco aumentó en 25% la producción de cocaína, cuyo volumen alcanzó mil 265 toneladas métricas en el año fiscal 2007, según la Oficina de Políticas Antidrogas de EU. México alcanzó a interceptar 48.2 toneladas en 2007, cerca de 20% del total de cocaína que pasa cada año por nuestro país. Pero los decomisos van en declive, así como las áreas de erradicación de plantíos de mariguana y amapola.
El problema puede tener más explicaciones. Más allá del discurso gubernamental, el uso actual de recursos materiales, humanos y financieros indica que la lucha contra la delincuencia está lejos de ser la prioridad más importante del gobierno en materia de seguridad.
La mayor proporción de los recursos del Ejército y la PGR, por ejemplo, están concentrados en el DF y su zona metropolitana, así como en Chiapas y no precisamente en las zonas más afectadas por el narco y la violencia como Chihuahua, Nuevo León, Sinaloa, Sonora, Tamaulipas y Quintana Roo. El Ejército concentra en la primera y séptima regiones militares, con sede en el DF y Chiapas, un gasto anual de 10 mil millones de pesos, casi la tercera parte de todo el presupuesto de la Sedena y a la mitad del gasto de las 12 regiones militares del país junto con el presupuesto del Estado Mayor de la Defensa Nacional.
Chiapas absorbe una porción importante del presupuesto y efectivos del Ejército. El gobierno mantiene ahí la misma magnitud de fuerza militar y policiaca desde 1995, pese a que el EZLN casi no existe ya como insurgencia armada y está alejado de aquellas comunidades indígenas, Los Caracoles, que quedaron embarcadas en su lucha por la autonomía política, cultural y económica. Después sigue la sexta región militar, en Veracruz, con un presupuesto de mil 370 millones de pesos. ¿Qué es lo que resta? La parte administrativa de la Sedena ocupa 10% del presupuesto total de 34 mil 861 millones de pesos, mientras que el gasto en desarrollo social, educación y salud de los soldados se lleva otro 20%.
La Fuerza Aérea, fundamental en la detección de vuelos y operaciones del narco, tiene apenas 7% del presupuesto de la Sedena. Después de eso, restan pocos recursos para sufragar la compra, producción y renovación de armamento y equipo militar, la vigilancia del territorio e instalaciones estratégicas y operaciones antidrogas.
El gobierno de Calderón eligió seguir utilizando a las Fuerzas Armadas para encabezar el combate al narco, pero su distribución de recursos indica que tal vez su prioridad es la seguridad del DF, el pago de la burocracia administrativa que ha desarrollado la Sedena y el mantenimiento del despliegue militar en Chiapas.
jlsierra@hotmail.com
Especialista en temas de seguridad y fuerzas armadas