Pero la banda no se acabó. Su principal
cómplice, Héctor Ruiz Devo, quien igualmente incluyó a su familia más
cercana en los plagios, está prófugo. De este secuestrador y sus
parientes no se ha vuelto a saber nada más allá de que operaba en la
colonia Pensil, en el Distrito Federal, según el expediente
SIEDO/UEIS/2190/2005 al que tuvo acceso EL UNIVERSAL.
De bracero
fracasado en San Diego, California, Robledo Chila pasó a plagiario.
“Tenía muchas ideas para negociar secuestros”, confesó quien es
descrito por familiares de las víctimas como ofensivo y amenazante en
todas sus llamadas telefónicas para exigir los los rescates de quienes
fueron sus víctimas.
Bajo la apariencia de taxista, El Macetas
comenzó a secuestrar gente en noviembre del 2002. Su primer “trabajo”
fue el rapto de “Jesús”, dueño de varios taxis en Iztapalapa.
Ahí
obtuvo un millón de pesos, junto con su cuñado Rafael Salas, quien
había estado preso en el penal de El Bordo, en el Estado de México.
Junto con ellos participaron a quienes se identifica como Jorge Copado
Iniestra y un hermano de éste apodado El Feo.
La impunidad con
que cometieron ese secuestro los puso en el camino. En julio de 2003,
les hablaron por teléfono dos presos en el Reclusorio oriente, Felipe
Porras Barrón y “Reséndiz”. Su meta era contactarlo con Héctor Ruiz
Devo El Lechuga.
Así comenzó su actividad delictiva. Fue el hijo
de un comerciante de azúcar, luego le dueña de una estética y más tarde
el propietario de un salón de fiestas. Le siguieron las hijas del
propietario de una llantera en el Estado de México y, finalmente, el
dueño de una fábrica de pelotas de beisbol. Ahora, todos los parientes
de El Macetas están en prisión.