En Juchitán, Oaxaca, además de la vida precaria que llevan ante el abandono del campo, los labriegos enfrentan otros riesgos incluso de naturaleza mortal, como las mordeduras de serpientes venenosas.
De acuerdo con datos de la Secretaría de Salud del estado, en 2007 se registró la muerte de cinco personas por ataques de víboras, además de mil 364 casos de intoxicación por picaduras de animales ponzoñosos.
En las zonas rurales del país, que no por serlo dejan de tener un número importante de habitantes, es común ver deambular serpientes cascabel, nauyacas y coralillos, sin contar las arañas viuda negra y violinista o los escorpiones negros, sumamente peligrosos.
Si bien es cierto que muchas personas suelen verse aterrorizadas sin razón ante la presencia de arañitas o pequeñas lagartijas, la precariedad parece no ser suficiente castigo para los trabajadores del campo, quienes como reza aquella canción de Fobia se tienen que cuidar de "la ponzoña de un alacrán" y el "veneno vil", con la diferencia de que en su caso no se trata de una mala mujer.
vsg