Cuba mostró sus credenciales como aspirante al podio en la competición femenina olímpica de voleibol al derrotar por 0-3 a Estados Unidos y demostrar que es un equipo sólido y sin fisuras.
Todos los partidos tienen su momento clave, aquel en el que se decide hacia qué lado se inclina la balanza definitivamente, y las jugadoras de Estados Unidos y Cuba decidieron que fuera en el segundo set.
Antes, en la primera manga, había habido unos puntos de igualdad en el inicio del set, pero pronto Cuba puso una velocidad más larga que sus rivales y se marchó en el marcador apuntándose una victoria parcial mucho más cómoda de lo esperado.
Estados Unidos sacó las uñas y con la gigante de dos metros Tayyiba Haneef-Park acaudillando su equipo apretó en defensa, se esforzó en el bloqueo y trató de ser más incisivo en ataque.
El resultado fue un set muy parejo en el que ningún equipo gozó de ninguna ventaja significativa. Cuba no rehuyó la pelea y cada bloqueo norteamericano era contestado con otro, lo mismo que cualquier otro aspecto del juego.
Fue una lucha de poder a poder en la que las estadounidenses tuvieron su oportunidad al gozar de un punto de set que no aprovecharon. Acto seguido fueron las caribeñas las que remataron el marcador. Esa es la diferencia entre los grandes equipos y los buenos equipos.
Los buenos consiguen tener opciones de victoria, pero los grandes ganan a la primera. No dejan opción. Impiden que el rival pueda dar la réplica. Dar segundas oportunidades al rival es algo que no entra en su vocabulario.
Con 0-2 a favor de las cubanas y la suerte de la batalla principal definida, las norteamericanas intentaron coger desprevenidas a las caribeñas en el tercer ser. Casi lo consiguen al adelantarse 8-4 en el luminoso.
Pero Cuba no estaba por la labor y volvió a apretar el acelerador para no dejarse sorprender, recuperando y tomando el mando del parcial hasta el 17-25 final.
Cuba sigue mostrando sus credenciales para el podio.
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