El impresionante y majestuoso estadio Olímpico de
Pekín, conocido como "El Nido", se ha presentado en la ceremonia de
inauguración de los Juegos Olímpicos 2008 como un nuevo emblema de China ante
el mundo. La Gran Muralla tiene, a partir de hoy, una dura competencia de 6.700
toneladas acero.
Sin embargo, la llegada al recinto no fue nada fácil,
para algunos tortuosa. Las medias de seguridad fueron hoy especialmente duras.
A los periodistas se les hizo un riguroso control de seguridad nada más salir
del Centro Internacional de Prensa.
El salvoconducto de la acreditación no era suficiente
para inspirar confianza. Esos controles implicaron, por ejemplo, requisar los
encendedores de los informadores. Algunos, incluso tuvieron que abrir un
paquete de chicles para dejar claro que no se trataba de ningún "arma
letal".
La cosa iba en serio. A un kilómetro de "El
Nido" se habían situado varias lanzaderas de misiles. Desde las ocho de la
mañana había ya calles cerradas en Pekín, pocos taxis y muy pocos coches. Sólo
autobuses. La dirección, muy previsible ya que hoy en Pekín sólo se circulaba
camino del gran acontecimiento.
El recorrido, al menos, era espectacular, pues antes
de llegar al estadio se pasaba por buena parte del Parque Olímpico, entre otras
instalaciones; la que va a acoger las competiciones de natación. Es el famoso
"Cubo de Agua", el mayor estadio jamás construido en el mundo
expresamente para este deporte. Su capacidad es de 17.000 espectadores, pero su
inmensidad apenas se divisaba, ya que la nebulosa que casi siempre cubre Pekín
lo impide y eso, a pesar de su cercanía al lugar de trabajo de los periodistas,
Muchas
fabricas no abrieron hoy sus puertas en la capital de China, ya que los
trabajadores no podían desplazarse y desde las cinco de la tarde permaneció
cerrado el espacio aéreo, en el que sólo un par de helicópteros sobrevolaban
"vigilantes".
Desde cuatro horas antes, los más de veinte arcos de
seguridad del estadio presentaban colas de centenares de metros para el
público. Así, la paciencia tenía que unirse a la entrada para acceder a un
recinto deportivo, que puede acoger hasta 91.000 espectadores.
La instalación parece un milagro. El hombre y el acero
han hecho un obra maravillosa, sin embargo, hay factores que se escapan al
control del ser humano. Así, la temperatura y la humedad que había hoy en Pekín
convirtieron al estadio en un sauna gigantesca. Los periodistas tenían que
secar sus portátiles porque las gotas de sudor caían sobre la teclas como la
lluvia que hoy se anunciaba en la capital de China y que, al final, no hizo
acto de presencia.
La música popular china saludaba la entrada al recinto
de periodistas y espectadores, mientras cientos de artistas se movían en el
centro del estadio dibujando círculos espectaculares. Los "teloneros"
habían trabajado sus movimientos con la misma disciplina e ilusión que los
actores principales.
Con la máxima puntualidad comenzó la ceremonia bajo el
signo del 8, el número de la suerte en China, y seguida en directo por cerca de
100.000 personas en todo el mundo.
El himno y la entrada de la bandera china era el punto
de partida de la primera parte de la ceremonia, pero antes, en vivo, la gente
sólo tenía ojos para contemplar la majestuosa estructura del estadio. Un
estadio imposible de hacer en ninguna otra parte.
El final era un espectacular castillo de fuegos
artificiales. Una fiesta visual y auditiva maravillosa en el país donde se
inventaron, pero el primer espectáculo era "de acero". El estadio
Olímpico de Pekín no necesita aditamento alguno para ser admirado.
gdh