Después de siete años de preparativos y miles de
millones de dólares en gastos, las usualmente bulliciosas calles de Beijing
estaban sospechosamente tranquilas en las horas previas a la más fastuosa
ceremonia inaugural en la historia de los Juegos Olímpicos.
Los trabajadores recibieron el día libre y muchos
establecimientos permanecían cerrados, estimulados por un aviso de las
autoridades que le recomienda a la población a evitar las salidas al exterior y
ver la ceremonia desde sus casas para reducir la congestión.
La Plaza Tiananmen estaba vacía, en parte debido a un
operativo de seguridad horas después que cientos de personas acudieron al
izamiento matutino de la bandera con gritos de "¡Vamos China!".
Mientras las festividades eran bastante calmadas y uno
de los lemas de los Juegos, "Yo participo, yo contribuyo, yo disfruto", parecía
palabra muerta para la mayoría, algunos residentes todavía intentaban sacarle
provecho a la fecha: el octavo día del octavo mes del octavo año del nuevo
siglo. Los chinos consideran el ocho como un número de buena suerte porque su
pronunciación se asemeja a la palabra "prosperidad".
La agencia oficial de noticias Xinhua reportó
que un récord de 16 mil 400 parejas se registraron para casarse el viernes.
Otros tenían planes de realizar apuestas en
competencias olímpicas.
Robert Zhang, de 25 años y quien es comerciante,
observaba una pantalla gigante en el centro de Beijing. Dijo que iba a
apostarle a los equipos de Alemania y Estados Unidos de fútbol, porque el ocho
es un número de suerte.
"Creo que el ocho es un número de suerte, pero el
terremoto de Wenchuan fue hace 88 días, así que tengo mis dudas", dijo, en
referencia al desastre del 12 de mayo en la provincia de Sichuan que dejó a
casi 70 mil muertos.
"Mis amigos están emocionados, pero también
preocupados", agregó.
Du Chao, de 30 años y quien administra una de las
pocas tiendas abiertas en el principal distrito comercial, dijo que los
negocios no fueron buenos este mes debido a los Juegos. Aún así, afirmó que
está emocionado por la justa.
"Este tipo de cosas sólo suceden una vez cada mil años",
dijo Du mientras vendía agua y helado. "Incluso compré un pequeño televisor para
ver todos los partidos de futbol desde mi tienda".
Los Juegos son motivo de enorme orgullo para el país,
y muchos chinos dicen que se trata de un sueño de un siglo.
La llegada de más de 60 jefes de estado para la
ceremonia inaugural provocó el cierre del corazón de Beijing. Los trenes del
metro no paraban en las dos estaciones en la Plaza Tiananmen, un punto
neurálgico para los líderes de China por las manifestaciones protagonizadas
allí por estudiantes en 1989.
Para los disidentes chinos, abogados de los derechos
humanos y otros activistas que han desafiado al régimen comunista, el inicio de
la olimpiada significa mayor vigilancia y más restricciones.
"No tengo planes para esta noche", dijo Jiang
Tianyong, un abogado defensor de los derechos humanos. "No son mis Juegos
Olímpicos. No son los Juegos para la gente común y corriente".
gdh